El FMI ajusta sus expectativas de crecimiento mundial a la baja
- Pese a los esfuerzos, los países avanzados no logran recuperarse.
La semana pasada el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio a conocer sus últimos pronósticos para el crecimiento de la economía mundial en 2011 y 2012. Como era de esperarse, sufrieron una corrección a la baja. Así, mientras que en junio pasado se esperaban crecimientos de 4.3% y 4.5% para cada uno de estos años, las previsiones disminuyeron a 4.0% en ambos casos.
Aunque el ajuste no parece ser pronunciado, sobresale la marcada disparidad entre los crecimientos esperados de los países avanzados y los de los emergentes. Las expectativas para los primeros, que fueron las que más se ajustaron a la baja (0.6 y 0.7 puntos porcentuales en cada caso), son 1.6% para 2011 y 1.9% para 2012. Para los segundos, las previsiones alcanzan 6.4% y 6.1% respectivamente, menores en 0.2 y 0.3 puntos a las de junio pasado. Mención especial merecen las expectativas de las economías en desarrollo de Asia, con incrementos esperados de sus PIB de 8.2% y 8.0% (China alcanza 9.5% y 9.0%). En América Latina y el Caribe la estimaciones son 4.5% y 4.0% y para México, dentro de este bloque de países, se esperan crecimientos de 3.8% y 3.6%, similares a los que se tienen para Brasil.
Pese a todos los esfuerzos desplegados (en Estados Unidos recién se anunció una propuesta del presidente Obama para estimular el empleo y un nuevo programa monetario por parte del Fed consistente en intercambiar valores de corto plazo por valores de largo plazo), los países avanzados no logran una recuperación firme de sus economías. En el caso de Estados Unidos, queda claro que no fueron únicamente, como se creyó en un principio, factores temporales los que frenaron el ritmo de la actividad económica (fin del ciclo de inventarios, menor gasto en defensa en los primeros meses del año, incremento del precio del petróleo por conflictos en Oriente Medio y Norte de África e impacto de tragedias naturales en Japón), sino que al parecer hay otros factores de orden estructural que están afectando el desempeño de la economía (elevado desequilibrio fiscal, proceso de desapalancamiento de las familias y crisis inmobiliaria que no termina, entre otros), lo cual se ha agravado por la percepción de disfuncionalidad entre el gobierno y el Congreso y la caída de la calificación de la deuda federal de largo plazo por parte de la calificadora Standard & Poor’s.
En Europa la crisis ha escalado en magnitud. Se acrecienta el riesgo de incumplimiento de Grecia y persisten insistentes rumores sobre su inexorable salida del euro. De igual manera, no cede la presión sobre países como Italia y España que se han visto obligados a soportar una mayor carga por el servicio de su deuda.
Standard & Poor’s acaba de reducir en un escalón la calificación de la deuda de Italia al percibir que las actuales condiciones de debilidad económica y fragilidad de la coalición del gobierno reducen la posibilidad de que cumpla con sus metas fiscales.
No se ve una salida fácil ni de corto plazo para Europa. Los bancos enfrentan problemas de fondeo y de requerimientos de capital y los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (440 millones de euros) se perciben insuficientes frente a la magnitud de los riesgos, amén de su limitada capacidad de acción al requerir para actuar de la aprobación de los países miembros.
Propuestas como la de integrar una entidad supranacional que adquiera deuda soberana de riesgo y emita bonos con el respaldo de los integrantes de la comunidad (eurobonos) se ven poco probables por la ausencia de una efectiva integración fiscal, una de las principales fallas de origen para el adecuado funcionamiento de la unión monetaria y el rechazo de algunos países de que se colectivice la deuda de los que tienen mayores problemas. Si Europa logra evitar entrar en una recesión, difícilmente escapará de un prolongado periodo de estancamiento económico.
Por el contrario, en los países emergentes las condiciones se perciben menos desfavorables. No obstante el impacto adverso que pudiera tener la crisis de Europa y la desaceleración de Estados Unidos, su fortaleza macroeconómica y en algunos de ellos el vigor de sus mercados internos, los mantiene mejor pertrechados.
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