El derecho a la privacidad
Destacan los esfuerzos de Grupo Imagen a favor de la defensa de los derechos del lectory la audiencia.
Con mi afecto y solidaridad, a Yuriria Sierra
Uno de los grandes logros del pensamiento político liberal, reflejado en las constituciones modernas, fue la protección de la vida privada y la intimidad de las personas. Asociado a la separación entre la Iglesia y el Estado, entre la esfera de la conciencia individual y la esfera de los asuntos públicos, entre el pecado y el delito, el derecho a la privacidad adquirió tal relevancia desde finales del siglo XVIII que todos los ordenamientos constitucionales, liberales y democráticos fueron estableciendo, en forma gradual pero consistente, normas y procesos estrictos para regular, como excepción, la intervención de la autoridad en el domicilio, la correspondencia, las llamadas telefónicas y, en general, en cualquier espacio o medio inherente a la intimidad de las personas. Si el poder público está sujeto a estas restricciones, la pregunta es ¿con qué fundamento y con qué derecho un medio de comunicación se sitúa por encima de estos principios y libertades constitucionales e invade, ofende y lastima la vida privada de las personas?
Que los pasquines vulgares y estridentes dedicados a lucrar con la vida privada de los famosos lo hagan, me parece deleznable, y no me explico por qué son tolerados esos medios que, con total impunidad, navegan sobre los linderos de la ilegalidad, aunque lo cierto es que muchas veces son los propios personajes de la farándula quienes exponen su vida privada al escrutinio morboso de sus numerosos lectores. Pero lo que resulta inaudito es que un diario supuestamente serio como Reforma invada la esfera privada de un periodista serio como Carlos Loret de Mola, sumándose con ello a la escoria del amarillismo y la vulneración de la intimidad. ¿Dónde están los códigos de ética periodística que dicen observar? ¿Con qué derecho se agravia a una persona cuya vida privada sólo a ella atañe? ¿Así entienden la libertad de expresión?
Hace unos años, en un foro sobre estos asuntos celebrado en la Facultad de Derecho de la UNAM, entre cuyos convocantes figuraba Reforma, advertí que si bien era necesario, para evitar abusos y restricciones a la libertad de expresión, sacar la calumnia y la difamación de los códigos penales, también resultaba imprescindible un mecanismo de autorregulación que, con entera claridad y eficacia, previera y sancionara esas prácticas. Poco se ha hecho al respecto. Destacan los esfuerzos de Grupo Imagen Multimedia a favor de la defensa de los derechos del lector y la audiencia, así como su apego a los principios que deben regir un periodismo basado en el rigor informativo y el respeto a la dignidad, la intimidad y la diversidad de las personas. No hacerlo alimenta la ola de impunidad que, todos los días, erosiona la de por sí frágil legalidad en nuestro país.
* Socio consultor de Consultiva
