Los vaivenes del mercado
Han sido sorprendentes los cambios en el sentimiento de los inversionistas en los últimos meses. No terminan de transitar de una condición de pesimismo...
Han sido sorprendentes los cambios en el sentimiento de los inversionistas en los últimos meses. No terminan de transitar de una condición de pesimismo, en ocasiones exacerbado, a una de euforia, moderada las más de las veces y de más corta duración, cuando de nueva cuenta se abrigan sentimientos negativos.
Así, después de cuatro semanas consecutivas de caída en las bolsas estadunidenses, luego de la incertidumbre generada por la división política en torno a la deuda y finanzas públicas y la que resultó de la baja en la calificación soberana por parte de Standard & Poors, los mercados accionarios parece que terminarán la semana en terreno positivo, lo cual suponemos ya que nuestro reporte de tendencias comprende hasta el jueves pasado.
Algunos buenos resultados económicos de EU, como las órdenes de bienes duraderos, que aumentaron 4.2% en julio, se sumaron en la semana a la expectativa de que el presidente de la Reserva Federal podría anunciar el pasado viernes, al igual que lo hizo hace un año en la reunión anual del Banco de la Reserva Federal de Kansas en Jackson Hole, la aplicación de nuevos estímulos monetarios.
Hace un año, en dicha reunión, Ben Bernanke dio a conocer un segundo programa de facilidades cuantitativas de la Fed (el denominado QE2, que consistió en la adquisición de títulos del Tesoro por 600 mil millones de dólares), lo que generó un muy favorable impacto en los mercados financieros: las bolsas reaccionaron al alza y mantuvieron una tendencia ascendente por varios meses consecutivos, las tasas de interés de largo plazo disminuyeron, estableciendo nuevos mínimos, en tanto que el dólar se devaluó frente a las principales divisas. La economía continuó con síntomas de recuperación hasta principios de este año.
Es probable que Bernanke se incline por el anuncio de nuevas medidas de apoyo (en el comunicado de la última reunión del Fed se señaló que se evaluaban las herramientas disponibles y que podrían emplearse si se acentuaba la desaceleración de la economía), las cuales podrían ir, desde un incremento en la hoja de balance de la institución (un QE3), pasando por el anuncio de un cambio en la estructura de plazos de su actual tenencia de papel (mantener una curva de rendimientos lo más plana posible), hasta la penalización a las reservas excedentes de las instituciones bancarias en la Fed (eliminar el pago de intereses a dichas reservas excedentes con el propósito de que los bancos estimulen el crédito). Lo que sí es claro es que las autoridades monetarias harán todo lo que esté a su alcance para evitar que se acentúe el desempleo.
Por otra parte, a diferencia de lo ocurrido hace un año, se estima que el efecto de lo que pueda anunciar Bernanke será menos contundente para la economía y los mercados. Hay una profunda pérdida de confianza de los agentes económicos que mantiene el gasto privado aletargado, en momentos en que el margen de maniobra para incrementar el gasto público, está agotado. En la medida en que las decisiones de la Fed no se transmitan al gasto privado vía un mayor crédito de la banca, difícilmente serán efectivas para sacar a la economía de la debilidad en que se encuentra. Se requiere de algo que detone la confianza de los consumidores y empresarios y el Fed seguramente seguirá intentando, por todos los medios, levantarla.
Cabe recordar, por otra parte, que la economía estadunidense no está inmersa en una recesión; lo que hay son síntomas de desaceleración y el riesgo de que ésta pueda profundizarse. No todos los indicadores han sido negativos. Nos referimos, al principio, al buen dato de las órdenes de bienes duraderos; sin embargo, también los datos de producción industrial y ventas minoristas de julio fueron favorables y por arriba de lo estimado.
Los mercados financieros seguirán volátiles en tanto no se confirme que la economía estadunidense no se seguirá debilitando y mientras no se estabilice la frágil situación financiera en algunos de los países de la zona euro, un factor de riesgo de igual o mayor magnitud. Ni qué decir de Japón, que recién le bajaron la calificación y no termina de mostrar síntomas contundentes de recuperación.
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