Desaceleración económica en puerta

- Es factible que la confianza del consumidor se deteriore.

Los más recientes datos económicos de Estados Unidos y México apuntan en dirección a una desaceleración de la actividad económica, que no recesión, lo que también se confirma para otros países avanzados y emergentes. Aquella expectativa generalizada de que la segunda mitad del año sería mejor que la primera, prácticamente, se ha desvanecido.

Hay algo más allá de los factores transitorios que se mencionaron como causas de la pérdida de fuerza de la economía estadunidense en los primeros meses (condiciones climáticas adversas, menor gasto de defensa, irrupción de la cadena de suministros por los desastres naturales de Japón y el efecto negativo en el gasto de consumo de los altos precios de la gasolina). Después de prácticamente dos años de terminada la recesión, la recuperación no se consolida y crece el temor de una recaída si se retiran los cuantiosos estímulos fiscales y monetarios.

Indicadores adelantados, como los Índices de Gerentes de Abastecimiento de los Sectores Manufacturero y No Manufacturero, encendieron luces amarillas, sobre todo el primero, al ubicarse en julio en 50.9 unidades, un nivel apenas por arriba del umbral que distingue entre expansión y contracción (50.0 puntos). Estos datos se dieron a conocer luego de que se supo que la economía estadunidense creció en el primer trimestre en 0.4% y no en 1.8% de la información preliminar. De igual manera, el crecimiento del segundo trimestre se ubicó por debajo de la expectativa promedio del mercado (1.3% versus 1.9%), con una prácticamente nula contribución del gasto de consumo (aportó apenas 0.07 puntos de los 1.3 puntos porcentuales que creció la economía).

De igual manera, los pedidos de fábrica, un indicador sobre las condiciones de demanda y anticipado de la producción de las empresas, reportó en junio un retroceso de 0.8%, señal también de una mayor debilidad del gasto.

Por otra parte, el ingreso personal reportó en junio su menor incremento desde noviembre pasado (0.1%), en tanto que el gasto personal de consumo anotó su primera caída en casi dos años (-0.2%). El aumento de la tasa de ahorro (que alcanzó 5.4%) pudiera ser reflejo de condiciones de mayor temor y cautela en los hogares.

La degradación de la calificación de la deuda estadunidense por parte de Standard & Poor’s exacerbó los temores con respecto a una desaceleración más pronunciada de la economía por la problemática fiscal y de deuda del gobierno y las dificultades entre los políticos para resolverla. La fuerte contracción de los mercados accionarios, aunada al menor valor de las casas, podría desembocar en una contracción de gasto privado que empuje a la economía a una nueva recesión (las probabilidades han subido). Es factible que la de por sí mermada confianza del consumidor se deteriore en mayor medida.

México, desafortunadamente, no está al margen de esta difícil situación. No obstante la fortaleza macroeconómica y solidez financiera del país, hay una marcada dependencia con respecto al ciclo de negocios de la economía estadunidense, en particular a la evolución de su sector industrial. La demanda externa ha operado como la principal fuente de crecimiento de la economía, con el complemento de un mercado interno que reporta una expansión moderada.

Consistente con el comportamiento de sus pares en Estados Unidos, los Índices IMEF Manufacturero y No Manufacturero reportaron en julio una disminución de 3.1 puntos, el primero (se ubicó en 50.4 unidades), y una caída marginal el segundo (pasó de 52.6 a 52.5 puntos). No obstante la estabilidad en la expansión del comercio y los servicios, su desempeño podría afectarse si las manufacturas pierden parte de su impulso.

Por otra parte, el Índice Cíclico Adelantado del INEGI, aunque por arriba de su tendencia de largo plazo, reportó su primera caída en 11 meses. En un entorno distinto no necesariamente sería presagio de desaceleración; sin embargo, en el contexto actual, la probabilidad se eleva.

Los pronósticos para el crecimiento de la economía en 2011 comienzan a ajustarse a la baja. Después de que apenas hace un par de meses se preveían tasas inclusive por arriba de 4.5%, ahora se encuentran muy próximas al 4.0% y aun por debajo de ese nivel. El nuevo escenario económico debiera dar pie para acelerar el cambio estructural.

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