Los oscuros caminos

¿Qué hace un padre ante una tragedia anunciaday a la que el protagonista entierra las uñaspara no zafarse?

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Los padres de Amy Winehouse veían su autodestrucción. Leían y escuchaban en sus letras el inmenso dolor vuelto ancla de sus adicciones. El aferrarse a una tragedia incomprendida que, irónicamente, explotaba a la pluma de un talento que se completaba con su voz. Durante los servicios fúnebres de la cantante, la imagen desconsolada que sus padres dieron al mundo fue imposible de evitar. ¿Qué hace un padre ante una tragedia anunciada y a la que el protagonista entierra las uñas para no zafarse? ¿Qué hace un padre con los brazos extendidos, para sujetar y evitar la caída, al ver cómo su hijo o hija da pasos atrás que, lejos de ser sostén, auguran una caída aún más profunda? ¿Qué hace un padre para evitar lo que hoy ya es irreparable?

La mamá del ex marido de Winehouse señala a su hijo como responsable de las adicciones de su ex nuera, de su muerte, prácticamente. Él está hoy preso en una prisión británica, cumpliendo una sentencia por robo y posesión de armas. Aseguran que entró en shock al conocer sobre la muerte de la cantante. Y es que, después de eso, ya no hay más que hacer, ¿o qué sentido tiene arrepentirse cuando no hay otra opción?

El papá del asesino de Oslo, de Anders Behring Breivick, no puede con la vergüenza. La defensa del asesino, que el viernes pasado mató a 76 personas en una de las peores tragedias en Noruega, alega demencia como elemento para evitar un juicio como el que muchos esperan para quien, a sus 32 años, queda en la historia de su país, y de toda Europa, como quien les arrebató esa tranquilidad con la que siempre se habían dado a conocer al mundo. Y, en medio de todo el escándalo y el dolor que vive el país, desde Francia, el padre de Anders declara, aún sin comprender (o tal vez como resultado de una obligada y dolorosísima reflexión), que hubiera sido mejor que su hijo se pegara un tiro antes de asesinar a tanta gente. La idea de la muerte de su hijo antes que acontecimientos que llenan el abismo de lo incomprensible.

Y es que, lo comentamos hace un tiempo, la diversidad de entornos no marca la diferencia. No da pauta a pensar que, en mejores circunstancias, el futuro pintará mejor de manera rigurosa. ¿A El Ponchis le esperaba ese destino sólo por tener una madre vinculada al narco? ¿Amy debía rehabilitarse y dejar atrás la profunda tristeza que cargaba a cuestas, sólo por ser una rockstar que “lo tiene todo”? ¿Anders debió convertirse en un noruego más que disfruta de esa calidad de vida que su país ofrece, en vez de encerrarse en un extremismo ideológico que ni sus padres notaron y  hoy lo tiene en la cárcel?

Cuánta frustración, incomprensión, dolor, impotencia, deberán sentir esos padres al ver a sus hijos transitar los más oscuros caminos. En realidad, son sensaciones que llegan a quienes ven a alguien cercano deshacerse frente a ellos, a quienes ven cómo se vuelven ejecutores de acontecimientos que entran en la categoría de lo inconcebible…

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