Ejes para una reforma

Los ciudadanos debemos recuperar espaciosy abrir nuevos ámbitos frente al poder de los partidos políticos.

Durante décadas, ya constituida como una exigencia histórica, los mexicanos hemos rondado, al menos desde la segunda mitad del siglo XX, la idea de una reforma política de fondo. Si en aquellos tiempos los pasos eran a veces tímidos y otros esperanzadores; hoy, la perspectiva de la pluralidad y la convivencia de muchos puntos de vista en la escena política, lo mismo parecieran complicar las decisiones como enriquecerlas. El hecho es que se presenta un momento privilegiado sobre el que debemos aplicar todo nuestro empeño y nuestra capacidad, tanto quienes están en el gobierno en algún puesto de decisión, como los ciudadanos en el ámbito de nuestra capacidad de realizar y obtener cambios.

Sin embargo, aun cuando los cambios políticos suceden con relativa frecuencia y en lo que va del siglo hemos modificado la Constitución en 47 ocasiones, existe la conciencia, compartida por enormes sectores de la ciudadanía y un buen número de los actores políticos, de que hace falta una renovación a conciencia, es decir, que se fundamente en lo que podemos considerar dos principios básicos: su carácter integral, es decir, que se presente de modo unitario, con ideas y principios articulados y no se ofrezca como un conjunto de reformas aisladas entre sí y, segundo, que se base en la normalidad legal y democrática, es decir, que convierta esos dos valores en los ejes centrales para alcanzar valores compartidos, como la justicia, los derechos humanos, la promoción democrática y la ciudadanización de los espacios públicos.

Sobre esas bases, se presentan grandes temas que no pueden ser obviados y que, en su estructura y desarrollo, exigen un amplio consenso y una participación ciudadana intensiva. Todos estamos de acuerdo en que los ciudadanos debemos recuperar espacios y abrir nuevos ámbitos frente al poder de los partidos pero, en el cómo, se presenta una enorme gama de posibilidades y es ahí donde se necesita el diálogo. Podemos, tanto del análisis de las agendas políticas, partidistas y no partidistas, generar una nómina sucinta de los puntos esenciales de una reforma política de fondo.

El primero y fundamental, democracia y ciudadanía, es decir, el papel de todos en la toma de decisiones y la vía de comunicación entre gobierno y ciudadanos; el segundo, procuración y administración de justicia: centrado en el combate a la corrupción, la impunidad y la recuperación de la paz pública; tercero, transición hacia una generación de energía sustentable y amigable con el entorno: esto incluiría debatir nuestro futuro como nación petrolera, nuevas fuentes de energía y la relación entre ventas de hidrocarburos e ingreso público; administración pública transparente y comprometida con la tecnología: redistribución de cargas administrativas, financiamiento público y gestión democrática del gasto.

Desde luego, ningún tema es nuevo, todos son parte de acuciosas necesidades colectivas; pero debemos comprender que cambiarlos no puede partir de sus dinámicas, sino de un concepto general, una idea unificadora que sea una auténtica reforma política.

        *Profesor de la Facultad

        de Derecho de la UNAM.

            fserranomigallon@yahoo.com.mx

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