¿Tacones o rivales?

El tema de las amistades es que son como los prospectos amorosos.

¿Será verdad que la amistad entre mujeres no existe? Yo no lo creo, debo aceptar que es más fácil entablar, muchas veces una relación amistosa con un hombre que con una mujer, o por lo menos me pasa más seguido, sin embargo, la amistad femenina tiene un no sé qué que qué se yo que ningún amigo, ni siquiera gay, nos brinda.

Mucho se dice que con las mujeres hay que andarse con cuidado, y les doy la razón, pues yo soy una de ellas. Cuando una mujer quiere ser bitch, lo mejor es salir corriendo y no mirar para atrás, ¡aguas!, pero la lealtad femenina, aunque haya sido cuestionada muchas veces gracias a mujeres desleales, es un valor que nos llena el corazón a la hora de necesitar a alguien para que nos sobe el lomo.

No voy a decir que las mujeres no son traicioneras, hay muchas, muy malas, muy bitches, muy traicioneras. La imagen cliché que existe es en la que un grupo de amigas destruye a una de sus integrantes cuando ésta no está. Alguna vez estuve en algún nido de arañas en el que sabes que te meten la puñalada por la espalda, ¡es mejor huir! Pero eso no quiere decir que porque haya varias de esa calaña hay que generalizar. Yo puedo decir que tengo muy buenas amigas, leales, incondicionales y no me han fallado, cuando lo han hecho lo hemos hablado y ¡tan tan! amigas como siempre.

Varios casos he conocido en los que la amiga le quita el novio a la otra: ¡fatal! Yo fui víctima de una de esas que no chistó en acostarse con mi novio en el momento que pasábamos por una mala racha. ¡Adiós novio y, obvio, amiga! Mi dolor era más por ella, porque cuando nos encontramos traicionadas por una “amiga” (que a la larga sabes que nunca lo fue) el dolor es mucho más fuerte por ella que por el !@#$* del novio que no se tocó el corazón a la hora de tomar la decisión, al fin, como dicen, el cobre se pela porque se pela, pero sabiendo cuántas cosas le has contado a tu amiga y que seguramente, si no pensó para acostarse con él, menos a la hora de ventilarle tus intimidades. Una amiga es un arma de doble filo, pues cuando llega la hora de confesar nuestra vida, no omitimos detalles y somos muy malas para guardar secretos personales, entonces si algo malo hemos hecho muy probable nuestra querida amiga ya lo tenga en su bitácora de recolección de información. Y es que si nos ponemos a pensar, todas tenemos información valiosa de alguna amiga, con la que bien podríamos dañarla, esa es la diferencia entre alguien leal y desleal, el momento en el que tomas la decisión de abrir la bocota o de guardar aquel secreto encargado de irse directo a la tumba contigo.

“Ni más faldas que las tuyas ni más pantalones que los de tu marido”, reza una frase que las madres nos restriegan en la cara desde que empezamos a tener conciencia. Y uno piensa, ¡ay, mamá!, cómo desconfías de perenganita que tan linda ella me da su amistad... luego viene el “te lo dije”. Pero repito, generalizar es de tontos y ni siquiera podría decir que la media femenina es traicionera, al contrario, las mujeres somos capaces de conservar relaciones por años y años, de convertir a una amiga en una hermana y de mantenernos, ahí sí, hasta que la muerte nos separe. El tema de las amistades es que son como los prospectos amorosos, la única diferencia es que con las amigas no tienes una relación física, de resto, todo es lo mismo. Hay que saber escoger una amiga, hay que dejar pasar tiempo y que la amistad cuaje para entonces entregarlo todo, tanto el cariño como la información. Conocer a la persona, conocer sus valores no porque te los cuente sino porque en el accionar diario se reflejan en su persona.

Lo mismo que con una pareja, te llevas chascos cuando entregas el corazón en charola de plata sin ni siquiera preocuparte por ver de dónde viene, a dónde va, cómo piensa, cómo siente. Una amistad femenina es maravillosa, pues las mujeres tenemos la capacidad de saber cuándo hablar, cuándo escuchar y cuándo abrazar simplemente a nuestra amiga que necesita un poco de apapacho. Una buena amiga sabe decirte si algo le molesta, sabe perdonarte si tuviste algún error, sabe escucharte sin juzgarte y cuando la necesitas (código tacón roto) sabe salir corriendo a tu encuentro sin importar qué tan empiernada estaba con el novio.

Hoy es un homenaje a mis amigas, a las que han estado conmigo en las buenas, las malas y las peores, porque gracias a ellas confío en el amor de amistad y nunca en la vida me he llegado a sentir sola.

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