Ideario de los arquitectos mexicanos
Los arquitectos porfiristas no pudieron ir más allá de su momento histórico.
En este segundo tomo del Ideario, el arquitecto Vargas Salguero aclara que, como consecuencia de la lucha armada de 1910, en México se gestó una arquitectura de la Revolución y también una revolución en la arquitectura que la modificó drásticamente. Si se analizan algunos edificios o textos de esa época se puede comprobar que los arquitectos porfiristas no pudieron ir más allá de su momento histórico, ni se arriesgaron a modificarlo; y que fue después de la Revolución cuando se comenzó a transformar la arquitectura en México. Esta selección: confirma que los arquitectos mexicanos generaron sus propias ideas acerca de los caminos que los llevarían a estrechar los lazos de la profesión con las necesidades sociales.
El debate sobre el trabajo profesional del arquitecto se publicó en la revista El Arte y la Ciencia (1899) y, después de la Revolución, en las secciones sobre arquitectura de los periódicos Excélsior y El Universal. La selección incluye la enérgica declaración de Federico Mariscal: “No es la arquitectura rama de la ingeniería”, y el cuestionamiento de Alfonso Pallares: “¿Qué es arquitectura y qué es ingeniería?” (1929); que ejemplifican las disputas, que se habían iniciado desde el siglo XIX, sobre la actividad profesional de los arquitectos y los ingenieros. El tema polarizó las opiniones, hasta el punto de afirmarse, con una visión narcisista, que la arquitectura es la más grande de las artes y que “la labor del arquitecto es la que más se parece a la de Dios” (p.131), aunque el tema recurrente en muchos escritos era la insistencia en señalar la dirección y las características de una nueva arquitectura.
La incertidumbre y las vacilaciones para poder definir los cambios necesarios hicieron que los arquitectos buscaran en otros países y culturas la definición de una modernidad, más deseada que definida. Federico Mariscal, en Excélsior, marzo 1924, presentó el manifiesto de la arquitectura Futurista (1909). El texto era radical e intransigente, combatía y despreciaba a la arquitectura ecléctica y proclamaba la: “violencia arrolladora e incendiaria con el cual fundamos hoy el Futurismo”. Mariscal confesaba su desconcierto y prometía: “…procuraré analizar cómo en nuestra época cada vez más se acentúa la tendencia hacia un único principio verdaderamente general: La Sencillez”.
Dos textos revelan muy claramente la confusa situación de la arquitectura en esa época. El primero, de Alfonso Pallares, publicado en Excélsior (mayo 1926), fue su análisis del concurso del Pabellón de México en la Exposición de Sevilla, en el que descubre: “el estado un tanto caótico de nuestra percepción arquitectónica… porque no existe aún un estilo arquitectónico mexicano”; y en 1929, Manuel Amabilis, el arquitecto ganador del concurso, que aseguró: “…la arquitectura que luce el pabellón de México en Sevilla es genuinamente Tolteca”.
El texto de Carlos Contreras, Planificación de la República Mexicana (1925), fue un intento, tanto de definir un nuevo campo de trabajo, como de abarcar los límites de todo el país.
En el tercer tomo, la Revolución, se publicarán textos de Alberto Arai, Juan Legarreta, Juan O’Gorman, Carlos Obregón Santacilia, Hannes Meyer, Pedro Ramírez Vázquez, José Villagrán y Enrique Yáñez; una selección imprescindible para comprender la evolución de la arquitectura mexicana en el siglo XX.
Vargas Salguero R. / Arias Montes V. Ideario de los arquitectos mexicanos. CONACULTA / UNAM, II Tomos, México, 2010
