Sub 17: ¿qué sigue?

Aprender a ganar, y acostumbrarse a ello, es la mejor ruta para seguir cosechando victorias. Así, qué bueno por el deporte mexicano. Pero el asunto de la Sub 17 va más allá de lo estrictamente deportivo.

El pasado domingo, tuve el privilegio de ser una de las casi 105 mil personas que disfrutamos, en las tribunas del estadio Azteca, la victoria de la Selección Mexicana Sub 17. Fue una noche perfecta, inolvidable. Lo digo no tanto por el triunfo mexicano en sí sino por cómo se consiguió: merecida y contundentemente, trabajando en equipo como pocas veces se había visto entre un grupo de deportistas mexicanos, con el corazón por delante, la voluntad a tope y el talento al servicio del deseo de conquistar la gloria.

Pero lo mejor no es eso sino lo que el campeonato Sub 17 nos podría dejar: una generación de mexicanos acostumbrada a ganar. Por ejemplo, en el estadio, justo detrás de mí, había un niño de más o menos diez años. Estaba feliz, extasiado. Con su playera verde y su bandera tricolor en la mano, gritaba: “¡Viva México, viva México!” Este pequeño, y muchísimos mexicanos que ya tienen uso de razón, recordarán por siempre lo que pasó el domingo. Muchos de ellos recuerdan igualmente que, en 2005, otro seleccionado mexicano Sub 17 también se hizo de una maravillosa y magnífica victoria cuando, en Perú, le dio a México su primer campeonato del mundo en la categoría. Así, un infante mexicano de, digamos, 11 años de edad, recuerda ya dos copas mundiales ganadas por México. Honestamente, creo que ya quisiéramos, su servidor y millones de mexicanos más, tener ese tipo de recuerdos futboleros. Pero no es así. De hecho, lo que yo sí recuerdo bien es que, cuando tenía diez años, vi a México ser eliminado por Alemania en el Mundial 86. Igualmente, tengo presente que de México jamás se esperaba mucho, de hecho, nada, en cualquier justa deportiva.

Aprender a ganar, y acostumbrarse a ello, es la mejor ruta para seguir cosechando victorias. Así, qué bueno por el deporte mexicano. Pero el asunto de la Sub 17 va más allá de lo estrictamente deportivo: es un ejemplo de que, cuando a los jóvenes se les prepara bien, se les sabe dirigir adecuadamente, se les permite ser, pero manteniendo cierta disciplina y, por supuesto, se les convence de que trabajar en equipo a favor de un objetivo común es útil y necesario, entonces los resultados llegan. No estoy diciendo que llegan fácilmente, pero llegan. ¿Qué pasaría si la juventud mexicana se convenciera de que vale la pena trabajar por México, hacerlo con ahínco, con auténtico amor a la camiseta y siempre pensando que, así como es legítimo buscar logros personales, es indispensable tener presente también el aspecto colectivo? ¿Dónde estaría nuestro país en 30 años si nuestros jóvenes pensaran así y, a su vez, transmitiesen todo esto a las futuras generaciones? ¿Están atentos, jóvenes? ¡Aprendan, pues, de la Sub 17!

Los países no salen adelante por casualidad: el éxito, o el fracaso, de una sociedad, son resultado de cómo se trabaja en equipo, cómo se entiende la relación individuo-colectividad, cómo se concibe al de junto, al otro, cuáles son las prioridades como, precisamente, sociedad, y cómo han sido definidas, etcétera. Así, la victoria de la Sub 17 no nos hace un mejor país, obviamente: la violencia no decreció, el desempleo no bajó, la clase política sigue en el hoyo, los sectores educación y salud continúan mal, aún hay secuestros, trata de personas y tráfico de todo tipo de cosas, sobran policías corruptos y la ciudadanía no termina de aprender a respetar lo público ni a ser plenamente cívica. Mucho menos hemos comprendido que todos vamos en el mismo barco y que, de seguir así, terminaremos por hundirlo. No: el triunfo de ese equipo de jóvenes mexicanos no ha resultado en un México diferente. Es más, sería un error pensar lo contrario o asumir que ese mejor país llegará en automático, sin el esfuerzo de nadie y nada más como un fruto de lo alcanzado en el campo de futbol. Sin embargo, el logro de esos “pequeños” nos deja un claro mensaje: sí se puede, sí. Actuemos, entonces, consecuentemente: urge.

            Twitter: @aromanzozaya

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