Tacones en la política 2

A medida que nos conozcamos sabremos hasta dónde somos capaces de llegar

El miércoles pasado hablé sobre las políticas del amor, justo cuando terminaba de escribirla pensé que tanto en el amor, pero también en el sexo, hay políticas que sabemos que existen y aunque no están escritas en ningún lado las traemos flotando en el ADN.

Cuando ando con un tema en la cabeza para convertirlo en columna, empiezan a aparecer los Cirilos y las Cirilas que terminan alimentando mis inquietudes.

Cirila me llama para pedir consejo sexual, su novio tiene una lista de pedimentos que no puedo compartir por aquí en lenguaje gráfico, pero que intentaré metaforizar.

Cirilo quiere que su compuerta trasera sea más tomada en cuenta... No le atrae mucho que digamos. Cirilo también quiere que Cirila esté dispuesta a que su propia puerta tenga posibilidades de entrada y no solamente de salida (hice lo mejor que pude). Es verdad que esta petición es común, sobre todo para el hombre, pues los placeres sicológicos más intensos los experimentan sometiendo a la mujer y esa es una clara forma de sometimiento.

Muchas mujeres encuentran placentero el sexo anal, sin embargo, hay otras a las que les produce dolor, trauma y sobre todo pudor.

Este tema es un punto álgido en la mayoría de las relaciones, él se muere de ganas, ella no mucho... Y aunque muchos hombres relacionen recibir estimulación en su compuerta trasera con ser homosexuales, también hay otros que se quitaron esa tontería de la cabeza y disfrutan ese tipo de estimulación.

 Aquí entra la política sexual, y es que como en todo: habrá negociaciones ante fetiches y gustos en los que ambas partes no estén de acuerdo. El sexo es un tema delicado y una de sus políticas principales es que para experimentar primero hay que querer. Nadie puede obligar al otro a hacer cosas que no quiera, que lo avergüencen o le provoquen incomodidad. La sexualidad tiene teléfono rojo con el inconsciente y jugar con fuego puede salir caro.

Nada se puede ver como aberración a menos que dañe a terceros. Hay aberraciones como pedofilia, zoofilia o necrofilia... ¿Le preguntaste a la cabra si quería tener sexo contigo? ¿¡No verdad!? La sexualidad es para gozarla, sin inhibiciones y recordando a cada momento que todas las tonterías que nos han dicho como: la masturbación es pecado, el sexo es pecado... bla bla bla, no es más que manipulación. 

Las políticas sexuales están siempre sobre la mesa, hace poco hablaba con una Cirila sobre los threesomes y su punto de vista es que lo haría siempre y cuando la tercera fuera una chica contratada (no se escandalicen, existen y se llaman escorts) pues quería tener el control de que si se sentía incómoda pudiera pedirle a la chica que le retirara las manos de encima al hombre que ama.

Otra amiga que estaba en esa conversación dijo que ella lo haría pero jamás involucraría al hombre que ama, mejor dicho dos amigas un amigo con las mismas inquietudes triangulares. Yo... Yo no les voy a decir si lo haría, lo que si les voy a decir es que para poder experimentar hay que conocernos muy bien, nuestro cuerpo, nuestros miedos, nuestras debilidades, inseguridades, pudores etc. A medida que nos conozcamos sabremos con certeza hasta dónde somos capaces de experimentar sin peligro de sentirnos mal. Lo bueno es lo que se siente bien contigo mismo, lo malo es lo que nos causa dudas. Aprender a escucharnos es parte primordial de una sana sexualidad. Es por eso que las políticas del sexo son a veces hasta más claras que las del amor, el sexo es instintivo, y no hay mejor político para la sexualidad que nuestro propio cuerpo.

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