Diez buenos hábitos alimenticios

El tiempo es el más sabio. Su longevidad ha determinado que el secreto de una vida sana y en forma son la moderación y la variedad alimenticia. ¡Los expertos están de acuerdo! Esto quiere decir que si comemos de todo vamos a cubrir nuestra necesidad nutricional. Pero ...

El tiempo es el más sabio. Su longevidad ha determinado que el secreto de una vida sana y en forma son la moderación y la variedad alimenticia. ¡Los expertos están de acuerdo! Esto quiere decir que si comemos de todo vamos a cubrir nuestra necesidad nutricional. Pero hay que vigilar las porciones para salvaguardar la mesura. Y como la elección no es siempre evidente, aquí te van unos tips que pueden potenciar tus hábitos alimenticios:

1. Varía tus alimentos. Nuestro organismo necesita más de 40 nutrientes para optimizar la función orgánica. Es decir, que todo tus órganos trabajen correctamente. Si “te clavas” en la rutina y comes lo mismo todos los días, es imposible que le des a tu cuerpo la diversidad que demanda.  ¡Busca cosas nuevas! Lo peor que puede pasar es que no te guste, pero no vas a morirte por eso. Existen un montón de frutas y verduras. Deja de comprar las manzanas que nadie se come y prueba el kumquat, rambután, panapen, carambola, maracuyá, mangostan. ¡Atrévete!

2. Controla tu peso. El exceso de grasa sólo acarrea diabetes, colesterol, presión alta, infartos, cáncer... ¡enfermedades que nos atemorizan! “Quítate un peso de encima”. ¡Literalmente! Si eres muy delgado, aumenta tu masa muscular, porque también corres el riesgo de padecer osteoporosis. Lo más importante es consolidar un peso y fijarlo. Si tu peso sube y baja sin estabilizarse, sólo vas a provocar una tendencia a la obesidad... Indeseable.

3. No te saltes las comidas. Para que nunca comas con hambre, porque el hambre incita al exceso. Es mil veces mejor comerte algo entre comidas que llegar y sentar a la mesa tu insaciabilidad.

4. Reduce tus porciones. No las elimines, porque la comida también es un placer. Si tienes ganas de un pastelito de chocolate, cómetelo, pero que sea una rebanada chiquita; no quieras comerte todo un pastel. Si son taquitos al pastor, pues atórale a tres, no diez. Eso sí, con todo el placer y antojo.

5. Lee los contenidos nutricionales. Como consumidor tienes derecho a decidir el producto más sano del estante. Al principio te va a tomar un tiempo comparar un yogurt con otro, pero una vez que lo hiciste ya sabes cuál tiene menos azúcar y grasa o más proteína. ¡Vale la pena!

6. Compra tus lácteos bajos en grasa. El sabor es casi el mismo y estás consumiendo menos colesterol. Recuerda que la grasa animal es de alta densidad. Es un cambio significativo que realmente optimiza tu sistema cardiovascular. 

7. Si comes en un restaurante, busca con quién compartir tu platillo. Si no encuentras a nadie, llévate la mitad a tu casa, así reduces tu porción y ahorras cocinar un día.

8. Conoce tus tentaciónes. Para hacer hábitos alimenticios que te beneficien, tienes que saber qué es lo que estás haciendo mal. Si le echas mucha crema a los tacos, cocinas con mucho aceite, abusas de la mantequilla o la sal... En este caso la ignorancia es nuestro peor enemigo.

9. Haz cambios graduales. No quieras modificar tus costumbres de un día para otro, porque sólo vas a sufrir y al cabo de un mes —que estés hasta el gorro— vas a regresar a tus malos hábitos. Un paso a la vez.

10.- No hay alimentos buenos ni malos: todo está en la moderación. Tu cuerpo también necesita azúcar y carbohidratos o sal, ¡pero no exageres!

Hacer una dieta resulta contraproducente, porque una vez que la terminas o la rompes vuelves a lo mismo. Lo hábitos alimenticios, por el contrario, forman parte de tu vida. Se hacen costumbre.

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