Salud fiscal
- Los ingresos petroleros superaron en 6.9% a los del año anterior.
Cada vez se arraiga más entre nuestros políticos y en la sociedad la importancia de la salud (disciplina) fiscal; nuestra propia experiencia nos ha enseñado los enormes costos - económicos y sociales - que resultan de perderla y cuán difícil es recuperarla. Lo anterior, por supuesto, no está reñido con el reclamo de emprender una reforma fiscal de fondo, que fortalezca las finanzas públicas y que considere, entre otros aspectos, un sistema tributario no distorsionante, que discrimine en favor del trabajo, el ahorro y la inversión y una política que incentive la eficiencia y rentabilidad (económica y social) del gasto público, así como su transparencia y rendición de cuentas.
Hacienda recién dio a conocer el informe sobre los resultados de las finanzas públicas del ejercicio 2010. Si bien no llamaron mayormente la atención de los analistas, fue porque no se presentaron desviaciones significativas con respecto a lo previsto en el programa económico y porque el análisis se centra más en el presupuesto y Ley de Ingresos de 2011.
De acuerdo con el informe, el año cerró con un déficit que como proporción del PIB representó 2.8%, o bien 0.8% si se excluye el gasto de inversión de PEMEX. El balance primario, que excluye el costo financiero del sector público, resultó deficitario en un monto alrededor de 1.0% del PIB. Si bien la magnitud de estos desequilibrios no preocupa en el corto plazo, sería deseable regresar lo antes posible a déficit menores y a un superávit primario (ahorro público), consistente con un nivel de deuda pública estable, como los tuvimos hace apenas unos cuantos años.
Por el lado de los ingresos, sobresalió el desempeño de la recaudación tributaria no petrolera al elevarse en 12.1% en términos reales, con alzas de 22.9% en IEPS, 18.8% en IVA y 9.7% en el combinado ISR-IETU-IDE. Estos incrementos obedecieron a las medidas tributarias de 2010 y al crecimiento de la economía (se estima en poco más de 5.0%), al favorecer un aumento del ingreso y un mayor número de transacciones.
Por su parte, los ingresos petroleros superaron en 6.9% en términos reales a los del año anterior. El mayor precio promedio del crudo permitió compensar la menor plataforma de producción, el mayor valor de las importaciones y el efecto desfavorable que sobre los ingresos en pesos tuvo la apreciación del tipo de cambio.
Cabe destacar que los ingresos presupuestarios sobrepasaron en el año lo contemplado en la Ley de Ingresos en un monto equivalente a 5.8 por ciento.
En cuanto al gasto público (programable), los rubros con mayor dinamismo fueron las ayudas, subsidios y transferencias, en su mayoría erogaciones de alto contenido social, dentro del denominado gasto corriente, y la inversión física, dentro del gasto de capital, al incrementarse en 7.5% y 6.4% en términos reales respectivamente.
Al interior del gasto no programable, sobresalieron las participaciones a las entidades federativas con un aumento real de 11.8%.
Por lo que hace a la deuda neta del sector público federal cerró diciembre con un saldo equivalente a 30.9% del PIB, del cual 21.4% correspondió a endeudamiento interno y 9.5% a externo.
Si bien es cierto que el marco estructural en el que se desenvuelven las finanzas públicas dista de ser el adecuado para potenciar el crecimiento del producto y el empleo, hay que reconocer que en su manejo han prevalecido criterios prudenciales, aun durante la recesión de 2008-2009. No hay que olvidar que la disciplina fiscal es uno de los ingredientes fundamentales de la estabilidad de los últimos años; sin embargo, resta hacer de la política fiscal (sistemas tributario y de gasto) una verdadera palanca para el desarrollo económico. Aunque algunos legisladores han puesto sobre la mesa la posibilidad de emprender una reforma, la vemos con escepticismo por la coyuntura política electoral de éste y el próximo año.
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