La economía mexicana en fase de expansión
- La información disponible nos hace suponer que ya pasamos lo peor.
En días pasados el INEGI dio a conocer la aplicación de una nueva metodología (“Ciclo de Crecimiento”), similar a la empleada por la OCDE (nos permitirá compararnos con los demás países miembros de la organización), para identificar, de acuerdo con los indicadores coincidente y adelantado, la fase del ciclo en que se encuentra la economía mexicana: Recesión, recuperación, expansión o desaceleración.
Como es bien sabido, la economía transita de periodos de bonanza, que nadie quisiera que terminaran, por sus efectos benéficos sobre el empleo, el ingreso y las condiciones de vida de la población, a periodos de desaceleración económica, que en ocasiones desembocan en recesión. Las causas por las que estos ciclos se presentan pueden ser diversas (errores de política económica, malas decisiones de los agentes económicos, falta de supervisión de las autoridades, etc.) y de incubación interna o externa. Recién sufrimos (2008 y 2009) una severa recesión económica como consecuencia de los efectos de la peor crisis financiera en Estados Unidos desde la gran depresión. La información disponible nos hace suponer que ya pasamos lo peor; sin embargo ¿en qué parte del ciclo estamos?
Para identificar la fase en la que se encuentra la economía, el INEGI utiliza como referencia su tendencia de largo plazo, a la que le asigna un valor de 100 (ver gráfico). Cuando la economía, de acuerdo con el indicador coincidente (integrado por variables de los mercados laboral y de bienes y servicios, incluyendo el sector externo), se ubica por arriba de ese nivel y presenta una trayectoria ascendente, como es el caso desde junio de 2010, es indicativo de que transita por una fase de expansión.
Sin embargo, antes de llegar a esta fase de expansión tuvo que atravesar por un periodo de recuperación que fue desde el punto más bajo observado (mayo de 2009) hasta el momento en que cruzó la línea de los 100 puntos (junio de 2010).
Desafortunadamente, la manera como se calcula la tendencia de largo plazo no permite asociarla con una tasa de crecimiento para la economía. Sin embargo, como referencia al margen, puede comentarse que el crecimiento promedio anual del PIB de los últimos 30 años es 2.3 por ciento.
Cabe destacar que la tendencia de largo plazo nada tiene que ver con el denominado crecimiento potencial de la economía, el cual refleja la tasa máxima a la cual podría crecer de manera sostenida, dadas las restricciones existentes, con un uso eficiente de los recursos disponibles.
Un aspecto importante de esta nueva metodología es que la economía puede entrar a una fase recesiva sin que necesariamente se presente una caída de la producción, basta con que rompa el umbral de los 100 puntos con dirección a la baja.
Por su parte, el indicador adelantado (se integra con distintos componentes de los sectores real y financiero) busca anticipar la posible trayectoria futura (corto plazo) del índice coincidente e identificar posibles puntos de quiebre (picos y valles). Su trayectoria actual, ascendente y por arriba de las 100 unidades, permite prever que la economía seguirá en expansión en los siguientes meses.
Con anterioridad, los indicadores coincidente y adelantado se expresaban en términos del denominado “Ciclo de Negocios”, en donde una fase de recesión por lo general se asociaba a una caída de la producción. A esta fase seguía una de recuperación que se convertía posteriormente en expansión y de nueva cuenta en desaceleración y recesión. Sería muy bueno, como algunos analistas lo han solicitado, que el INEGI continuara con la publicación de los datos que resultan de las dos metodologías, ya que lejos de resultar enfoque sustitutos, pueden complementarse para un mejor análisis de la economía y sus ciclos.
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