Perspectivas económicas 2011

- Los estímulos monetarios y fiscales continuarán como la principal palanca para la recuperación de los países desarrollados.

Después de que en el 2010 la economía global reportó un crecimiento marcado por diferencias regionales (dinamismo vigoroso de las economías emergentes y repuntes modestos en el caso de la mayoría de las avanzadas), para el 2011 se prevé una continuada expansión moderada, con la persistencia de estas diferencias.

Los estímulos monetarios y fiscales continuarán como la principal palanca para la recuperación de las economías desarrolladas, lo que no exime que algunos países europeos seguirán enfrascados en corregir sus abultados desequilibrios fiscales, en el contexto de deudas públicas crecientes.

En sus últimas previsiones, el FMI estima para este año un crecimiento de la economía global de 4.2 por ciento. Estados Unidos y la Zona Euro reportarán incrementos del PIB menores a los del año anterior (2.3 y 1.5% en cada caso, contra 2.6 y 1.7%). Por su parte, las economías de Asia-Pacífico se mantendrán como las más dinámicas, aunque con un crecimiento también menor al de 2010 (8.4 versus 9.4 por ciento), situación que se reflejará, de igual manera, en América Latina y el Caribe (las economías de esta región crecerán 4.0 por ciento en 2011 contra 5.7% de 2010).

En Estados Unidos el gasto de consumo seguirá limitado por el alto nivel de desempleo (9.0% para finales de este año), el desapalancamiento de las familias y la mayor tasa de ahorro. El gasto de las empresas, con balances y resultados en general positivos, podrá ser un detonador para el crecimiento, aunque la debilidad del sector inmobiliario se mantiene como un factor de riesgo. La inflación seguirá en bajos niveles y las tasas de interés de corto plazo en línea con la tasa objetivo del FED (rango de cero a 0.25%). Los rendimientos de largo plazo promediarán un nivel por arriba del observado en 2010 por la expansión de la economía y la presión del déficit fiscal.

Hay un optimismo moderado con respecto al entorno externo; sin embargo, persisten serios desequilibrios, (déficit fiscales excesivamente altos y fuertes disparidades en los saldos de las cuentas corrientes y flujos de capital). Aunque las economías emergentes parecen ser las mejor libradas por sus sólidos fundamentos macroeconómicos, no estarán exentas de posibles turbulencias.

Las perspectivas para la economía mexicana se perciben en general favorables. Se apoyan en un ambiente externo propicio. La expansión de la economía norteamericana favorecerá, junto con el atractivo nivel de tipo de cambio real, un dinamismo sostenido, aunque algo menor al del año anterior, de las exportaciones manufactureras. Por su parte, el mercado interno tenderá a recuperarse en la medida en que se eleven la inversión y el empleo y se fortalezca el crédito al sector privado.

Se estima que el PIB crecerá en alrededor de 4.0 por ciento real, después de que en 2010 creció en un estimado de 5.3 por ciento, en tanto que la inflación terminaría en una tasa similar (incidirán en los próximos meses posibles choques de oferta). Mientras que la tasa de fondeo interbancaria muy probablemente se mantendrá sin variación en su nivel de 4.50 por ciento, las tasas de interés de largo plazo, se moverán en función de sus pares de Estados Unidos. Se espera volatilidad y niveles promedio por arriba de los de 2010. La expectativa del tipo de cambio para el cierre de año es de alrededor de 12.50 pesos por dólar, aunque en los primeros meses pudiera ubicarse por debajo de los 12.00 pesos.

La abundante liquidez, las expectativas de crecimiento económico y la solidez operativa y financiera de las empresas, hace prever el establecimiento de nuevas marcas históricas para los mercados accionarios. En México la bolsa podría lograr un rendimiento nominal de alrededor de 17 por ciento, con lo cual se ubicaría en un nivel de aproximadamente 45 mil unidades.

Prevalecen factores de riesgo, sobre todo en el frente externo: Mientras que en Europa preocupan la situación fiscal y de deuda de algunos países, así como la fragilidad del sistema financiero, en Estados Unidos inquietan el alto desempleo, la precaria situación del sector inmobiliario, la astringencia de crédito bancario, el voluminoso desequilibrio fiscal y el incierto desenlace de las facilidades cuantitativas del FED. En cuanto a México, no se prevén avances significativos en materia de reformas estructurales por la importancia que desde el punto de vista político revisten algunos procesos electorales. De igual manera, la inseguridad pública seguirá como un factor de riesgo.

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