Los minerales en la alimentación

El calcio representa 2% del peso total de una persona

En términos biológicos se trata de elementos químicos simples cuya presencia e intervención es imprescindible para la actividad celular. Es sustancial su figura en nuestro organismo, porque nos aseguramos de mantenerlo en perfecto estado de salud.

Se conocen más de 20 minerales que controlan el metabolismo y las funciones de los tejidos. Son nutrientes esenciales porque no podemos producir. Nuestra fuente “metálica” son los alimentos. En ellos se presentan como un complejo orgánico natural, que puede ser utilizado inmediatamente por el organismo mediante la quelación. Un proceso natural donde los elementos inorgánicos minerales, se transforman en formas orgánicas para ser absorbidas por las vellosidades intestinales y pasar al torrente sanguíneo con facilidad. El mineral es envuelto por los aminoácidos, formando una especie de pelota —con el mineral al centro—, evitándo que reaccione con otras sustancias.

Aunque el requerimiento nutricional de algunos minerales es diminuto, es preciso. De yodo requerimos solamente 20 o 30 mg. Una cantidad crucial para el buen funcionamiento de la tiroides. Sin yodo, al cuerpo le da hipotiroidismo. Provocando anomalías. Baja estatura, inflamación, caída del cabello, calambres, depresión. Y éste es sólo un ejemplo. Los minerales participan en la producción de enzimas y hormonas, trabajando en equipo con otros minerales o vitaminas. El hierro, por ejemplo, se absorbe mejor con vitamina C. El calcio facilita la absorción del cobre. También intervienen en el equilibrio hidroeléctrico del organismo. Un trabajo conjunto de potasio, sodio y cloruro. Del mismo modo, forman parte de los tejidos corporales.

La deficiencia mineral es común en nuestra especie. Bajo ciertas situaciones, es necesario un estudio estricto de la dieta. Un buen ejemplo sería la alimentación durante el embarazo o la lactancia, porque el hierro y el calcio suelen ser insuficientes. Además de que nuestras reservas son, de por sí, inferiores que las del hombre. 

La deficiencia de cromo se reconoce como un problema nutricional durante la gestación y senectud. Los niveles de cromo en los tejidos descienden con la edad. Su carencia se relaciona con la incidencia de diabetes. También se vincula con la arteriosclerosis o las enfermedades cardiacas. Desgraciadamente, muchos procesos alimenticios de la industria, barren con el cromo que se presenta en los alimentos. Para “ir a la segura” hay que procurar la ingesta de aceite de germen de trigo y salvado.

El cadmio es un elemento bastante tóxico que está en el humo de los cigarros y la contaminación industrial. Provoca deficiencia de zinc. Generando retrazo en el crecimiento, impotencia, anomalías olfativas, lesiones oculares y cutáneas. El magnesio nos protege contra enfermedades cardiacas. Quizá el contenido de magnesio en aguas duras, pueda ser suficiente para corregir una deficiencia marginal. Pero de cualquier forma se puede presentar, si se ha suprimido su aporte dietético.

El calcio penetra en nuestro organismo en cantidad suficiente. Representa 2% del peso total de una persona. En un adulto supondría de kilo y medio a dos kilos de la totalidad de su peso. Ahora, la absorción del calcio depende de la presencia de fosfato, ácido oxálico y fítico. Entonces su ingesta no es siempre funcional. Además lo eliminamos continuamente por los riñones, bilis, jugos digestivos y piel. Su carencia provoca osteoporosis y paradontosis.

Una dieta variada nos asegura una absorción óptima de nutrientes. Todo exceso, como es de esperarse, perturba al organismo. Por esta razón, los suplementos deben administrarse únicamente bajo supervisión médica. Si, según los términos bíblicos, venimos del polvo... tal vez se refiera a nuestra esencia mineral.

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