El poder cansado (III y último)

WikiLeaks, con cinco destacados diarios, nos reveló intimidades de alcoba del Departamento de Estado de EU.

La filtración de WikiLeaks ha representado un doble fenómeno global. Primeramente se trata del hecho en sí: recurrir a una estrategia de divulgación de información confidencial de Estado que rompe con todos los cánones al respecto desde Watergate y los Documentos del Pentágono, todo lo cual está bajo el escrutinio de los tribunales, pero también del juicio de la sociedad global que considera que sus gobernantes podrían estar sometiéndoles a un engaño sistemático. Esta filtración ha desafiado los derroteros del periodismo investigativo, convirtiéndose en los hechos en el primer movimiento contracultural de la historia moderna del periodismo internacional. En segundo lugar, la divulgación de información diplomática editada, aunque de primera línea, ha representado un medio valioso para enterarnos de secretos que, creemos, son de importancia para la opinión pública; también se ha vuelto un desafío para EU tanto en términos de aclararnos cuál es su propósito en el manejo de contenidos y temas que son del interés local y global, y el porqué del uso de ciertas técnicas diplomáticas que muestran un vulgar agotamiento en la preservación de la defensa de su seguridad interna y externa, así como de los intereses de conjunto que Washington defiende en todo el mundo. Esto último ciertamente muestra a una gran potencia, aunque vital en aspectos clave de su política exterior, también agotada y en el límite de una transición epocal que la conduciría inevitablemente a ceder más poder —para mal— a diversos actores que, como China, son ya actores globales. Así, mientras Julian Assange es asediado por la justicia sueca y prepara su defensa por acusaciones de abuso sexual (que muchos estiman que están manipuladas por los intereses estadunidenses), vendiendo por anticipado sus memorias, la diplomacia washingtoniana ha quedado desnudada en frentes sensibles e incómodos de la política global y aparentemente usando ahora a Assange como su chivo expiatorio a fin de  lavar sus barbas.

WikiLeaks, en colaboración con los cinco destacados diarios internacionales, nos reveló intimidades de alcoba del Departamento de Estado. Desde el problema que representa la emergencia de China como la potencia del futuro, la desnuclearización y los líos que al respecto confrontó Washington con Moscú, las bandas criminales latinoamericanas enquistadas ya en África, el fracaso rotundo que representa el estado Pakistaní en la estrategia Afgana de Obama, el nivel de estrés y las posibilidades de éxito de Calderón en su confrontación anticrimen, los vínculos de las FARC con el secuestro en México, hasta la alianza de Hugo Chávez con bandas criminales y la posible incriminación de Rafael Correa desde Ecuador, las pifias vergonzosas de Berlusconi y los conflictos con España por su política exterior hacia Cuba y Venezuela. Son sólo algunos de los temas pesados que Washington sigue puntualmente. Hay algunos más notables que otros, pero el que en mi opinión destaca, si con él queremos medir las posibilidades de la hegemonía estadunidense en el mundo, es el de la relación con China. Pekín tiene casi un billón de euros en deuda pública estadunidense. Ha comprado bonos del Tesoro de EU antes, durante y después de la quiebra financiera de 2008 y ya supera a Japón en esta materia, todo lo cual sugiere un grado de dependencia económica de Washington con otro país nunca antes conocida. Esta contradicción, aún de pronóstico reservado, se sintetiza dramáticamente en las siguientes palabras de Clinton, filtradas en uno de los cables de WikiLeaks: “¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?” O sea, lo que haya que hacerse con la diplomacia hacia China tiene que hacerse con mucha cautela. Si bien es cierto que la superpotencia pierde acríticamente relieve internacional, nunca habíamos leído que el otrora omnipotente Coloso del Norte, esté desde hace tiempo teniéndose que humillar frente a Pekín, quien contradice, entre otras, su política de derechos humanos. Y esto sí representa el principio de una tragedia para la diplomacia de EU que, por distintas razones históricas, ya William Appleman Williams había anunciado desde los años cincuenta. ¡Feliz 2011!

Analista político. Profesor-investigador de la UNAM

jlvaldes@servidor.unam.mx

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