Un sistema fiscal que desalienta al causante

Nos hallamos a varios años luz de sistemas fiscales tan eficientes como el de Suecia, que recauda 46.4% de su PIB.

Humberto Musacchio

Humberto Musacchio

La República de las letras

En el último año, “la recaudación de impuestos en México, respecto del tamaño de su economía, cayó 3.5 puntos porcentuales, con lo que el país tiene la menor captación respecto del PIB (producto interno bruto) entre las naciones de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos”, la OCDE.

La nota, aparecida en Excélsior (16/XII/2010) y firmada por Felipe Gazcón, agrega que el fisco mexicano capta apenas 17% de su PIB, muy cerca de Chile, que recauda 18.2% de su producto interno, y no tan cerca de Turquía o Estados Unidos, que cobran de impuestos la cuarta parte de la riqueza que producen sus sociedades.

Si bien se ha producido una contracción fiscal en gran parte del mundo, incluidos los países de la OCDE, todavía estamos lejos de España y Suiza, que captaron poco más de 30% de su PIB, o de Luxemburgo, que llegó a 35.5 por ciento. Por supuesto, nos hallamos a varios años luz de sistemas fiscales tan eficientes como el de Suecia, que recauda 46.4% de su PIB o de Dinamarca, cuyo fisco se queda con 48.2% del producto interno, casi la mitad de toda la riqueza producida por los daneses, lo que permite al Estado redistribuir, disminuir las disparidades sociales e invertir o apoyar la inversión de particulares.

En México, con la miseria que se recauda, prácticamente ya no hay inversión pública, el gasto del Estado se ha contraído en casi todos los rubros esenciales y la economía languidece en medio del derroche y los sueldos escandalosos de los altos funcionarios de los tres poderes. Viene a cuento repasar el desastre fiscal debido a que, por enésima ocasión, la Secretaría de Hacienda, con la pasividad cómplice de los diputados, acaba de asestarnos otra puñalada, pues a partir de 2011 será obligatoria la factura electrónica, un engendrito que bien a bien nadie ha podido explicar y que constituye un aterrador enigma para muchos contadores.

Ricardo Arellano, presidente de la Comisión Fiscal del Instituto Mexicano de Contadores Públicos, entrevistado por Fernando Franco de Excélsior (16/XII/2010), declaró que el año próximo “los receptores de las facturas digitales tendrán una carga administrativa adicional”, que será la “revisión exhaustiva y obligada  del comprobante emitido con el objetivo de evitar faltas al Código Fiscal”.

Dicho de otra manera, se convierte al causante en policía, pues si alguien expide una factura electrónica a la que falten datos o los tenga equivocados, quien responderá ante el fisco no será el emisor, sino el pobre ciudadano que reciba el documento electrónico. Los contribuyentes que pretendan deducir con base en dicha factura “deberán consultar la página de internet del SAT para verificar si el número de folio que ampara el documento fue autorizado al emisor” e igualmente deberán cotejar “si el certificado que ampara al sello se encuentra registrado” en el SAT y no ha sido cancelado (¡Uf!).

Hay otras tareas que el fisco y nuestros indolentes diputados han endilgado a los contribuyentes, pues se trata de que cada ciudadano haga el trabajo que le tocaría hacer a una burocracia inepta e irresponsable. Como cada año, aumentan los requisitos y se le ponen más obstáculos a los pocos mexicanos que pagan (pagamos) impuestos, en vez de aumentar la base gravable por abajo y suprimir exenciones, descuentos y otros favores que reciben los de arriba. Necesitamos un nuevo sistema recaudatorio que sea justo, universal y simplificado. Urge eliminar obstáculos al pago de impuestos.

*Periodista y autor de Milenios de México

hum_mus@hotmail.com

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