Wallace y El Ponchis; el fracaso de los políticos

¿Dónde están las áreas de inteligencia,los cuerpos de élite para evitar el secuestro,la investigación de delitos de alto impacto?

Para algunos políticos mexicanos deben resultar vergonzosos los dos escándalos mediáticos que acaparan los reflectores a final de 2010. Hablamos de los casos de Hugo Alberto Wallace y el niño sicario motejado como El Ponchis.

Y sólo podemos suponer que “algunos” políticos estarán avergonzados —a pesar de que la realidad confirma que la clase política es desvergonzada—, porque los casos Wallace y Ponchis se han convertido en el mejor ejemplo del fracaso de una clase política improductiva, poco seria, reñida con la grandeza, e incapaz de entender que su papel va mucho más lejos que las pírricas peleas del poder por el poder.

El caso Wallace enarbola por igual —paradojas aparte— la vergüenza por la ineficacia de las instituciones del Estado en la persecución de delitos y aplicación de la justicia y —al mismo tiempo— la grandeza y la fuerza de la sociedad civil, representada por una madre que se levantó de la tragedia de perder a un hijo para convertirse en investigadora, criminalista, policía, activista y legisladora; capaz de lograr lo que no hicieron policías y menos las procuradurías de Justicia.

El amor de madre, la rabia por el homicidio de su hijo y la ineficacia de los gobiernos municipal, estatal y federal, llevaron a Isabel Miranda a emprender la búsqueda de su hijo, de los responsables de su secuestro y muerte, hasta que a la vuelta de cinco años cayeron todos los implicados. Y todo, gracias a la tenacidad de una mujer que demostró que sí es posible investigar, buscar, perseguir y detener a los criminales.

¿Y dónde están —dónde estuvieron— las policías del DF, las federales, los agentes del Ministerio Público; dónde están las áreas de inteligencia, los cuerpos de élite preparados para evitar el secuestro e investigar delitos de alto impacto; donde están —y donde estuvieron— los jefes de Gobierno del DF, los procuradores de Justicia y los presidentes de la República, entre julio de 2005 y diciembre de 2010? Nunca estuvieron, porque Isabel Miranda caminó sola todo el proceso de investigación, persecución y captura de los culpables del secuestro y de la muerte de su hijo.

Por eso el llamado “Caso Wallace” no sólo es una vergüenza para las instituciones del Estado responsables de la justicia y el derecho, sino para la clase política toda; gobernantes de todos los signos y los partidos y para los partidos políticos mismos, que muy poco han hecho —si no es que nada—, para cambiar esa situación.

Y debieron ocurrir muchos otros secuestros, asesinatos y desapariciones —y los padres de muchos de esos secuestrados, asesinados y desaparecidos debieron organizarse como un potente brazo social—, para que la clase política se convenciera de aprobar, apenas hace seis días, una nueva ley antisecuestro. Y es que arrogante como suele ser, la clase política aceptó al final —en una suerte de “concesión graciosa”— que tenían razón los padres de secuestrados y asesinados. Aún así menudearon las abstenciones y los votos en contra. ¡Ejemplar y lustrosa clase política mexicana! ¿Y El Ponchis?

Ese caso es más que una vergüenza para la clase política toda. Es una tragedia social. ¿Cuántos niños, adolescentes y jóvenes viven una tragedia como la de El Ponchis? ¿A cuántos secuestró el crimen y el narcotráfico para convertirlos en sicarios? ¿Dónde están las políticas sociales preventivas de los gobiernos municipales, estatales y federales, que gastan millonadas en salarios, autos, bonos, aguinaldos, premios..? ¿Dónde está la izquierda dizque preocupada por los que menos tienen, la derecha comprometida con las causas nobles o el PRI y su trasnochada justicia social?

Para El Ponchis no hubo programa educativo que valiera, no existieron primaria y secundaria formativas, tampoco héroes patrios y menos referentes ideológicos. Su condición de marginado y desposeído lo llevó directo al narcotráfico y al crimen, en donde encontró lo que nunca había soñado: el dinero a puños. A cambio sólo le exigían torturar, mutilar, matar.

¿Y dónde están —dónde estuvieron— los gobiernos, los partidos, los líderes, los maestros..? ¿Dónde están los programas sociales..? Lo cierto es que a nadie importan los cientos o miles de Ponchis. Y luego se enojan cuando les dicen que son una clase política fracasada. Al tiempo.

EN EL CAMINO.

Dice Roberto Gil que Gustavo Madero no cumplió lo pactado. ¿En serio? No quiere ver que lo “chamaquearon”.

Temas: