Entrenan a héroes de 4 patas en la Unidad de rescate de la UNAM

En un simulador de estructuras colapsadas es capacitada Ombra, uno de los 28 caninos que reciben adiestramiento para localizar a personas atrapadas bajo escombros

thumb
Ombra, una pastor belga malinois de tres años, recibe capacitación para indicar, con un ladrido, que hay una vida.

Nombre: Ombra. Edad: 3 años.  Raza: pastor belga malinois.

Ocupación: perro de rescate. Habilidades: fuerza y constancia.

En la Unidad Canina de Búsqueda y Rescate de Personas de la UNAM esta perrita entrena para poder localizar a personas atrapadas bajo escombros tras un siniestro. Uno de sus ladridos puede significar una vida a salvo.

En un simulador de estructuras colapsadas, único en su tipo en América Latina, ubicado en Ciudad Universitaria, Ombra es capaz de encontrar a una persona debajo de una losa.

“Ombra es extremadamente constante, fuerte y tiene un buen focus hacia la búsqueda de personas, lista ya para participar en caso de un siniestro”, dice Paolo Malfitano, su dueño.

Ahora mismo, la unidad K9 de la  UNAM está formada por 28 binomios  caninos que se preparan para actuar en caso de emergencia.

Ragnar, otro pastor belga malinois, corre con seguridad entre escombros para hacer una búsqueda, mientras Sally, una pastor alemán, practica de manera magistral la obediencia.

Después del sismo de 1985 veterinarios de la UNAM conformaron una Unidad Canina de Búsqueda y Rescate ante la inexistencia de caninos mexicanos especializados para actuar en situaciones de emergencia.

Hoy, perritos de la UNAM incluso han viajado para auxiliar a personas en el extranjero. En 2011, un equipo participó en las labores de rescate en   Natori, Japón, luego del sismo y tsunami que dejó más de 15 mil muertos.

En México, fueron protagonistas en el sismo de septiembre de 2017, buscando entre montañas de escombros. También ayudaron en emergencias como la explosión del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, el  deslave en Cerro del Chiquihuite y la explosión en la Torre de Pemex.

“Nosotros hacemos una etapa de selección y ahí nos damos cuenta qué características tienen la persona y el perro, porque requieres que tenga ciertas bases de comportamiento, de aptitud de la persona, condición física, también del perro, que tenga la solidez de carácter para poderse manejar en una situación de emergencia”, dijo Julio Alejandro Velázquez Rodríguez, coordinador de la Unidad Canina de Búsqueda y Rescate de la UNAM.

Cada sábado los perros unamitas practican una y otra vez entre la pila de escombros, la búsqueda de personas colocadas dentro de los 50 metros de túneles del simulador universitario. Entrenan su olfato y las maneras más efectivas de llegar a un ser humano atrapado.

Han compartido, además, su espacio de entrenamiento con prácticamente todas las unidades caninas del país, como la de la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y la de Cruz Roja Mexicana.

“Como tal, los túneles que tenemos, donde metemos a la gente, están específicamente hechos para el olfato canino y eso no existe en México, ni en otros sitios de Latinoamérica; el perro aquí es el protagonista y tiene que aprender a subir, a bajar, a ubicarse en una posición favorable del viento; un perro ya experimentado sabe moverse dentro de un escenario, se nota que los perros experimentados buscan sitios adecuados donde el viento les pueda traer el aroma e incluso evitan zonas que son complicadas de transitar, para poder llegar más efectivamente, ahorrando energía para localizar a víctimas”, explicó el coordinador de la unidad K9.

Ombra se desplaza ágilmente entre los túneles en busca de una persona que simula estar atrapada. Sin titubeos, se coloca en el sitio exacto y comienza a ladrar para avisar a su guía que ha detectado algo. Tiene un éxito rotundo.

“El marcaje ideal es cuando el perro llega, se concentra en un punto y hace un ladrido muy claro, traducido a nosotros en que es donde encuentra a la persona. El perro tiene que  hacer su marcaje como se haría en una situación real, quedándose en ese sitio, ladrando fuerte y constantemente”, detalló Julio.

La belga que demuestra su capacidad, sin distraerse ni un segundo por el fotógrafo y camarógrafo que la siguen, comenzó a entrenar desde cachorra. Es la segunda perra de rescate de Paolo, quien antes tuvo a  Mina, una reconocida labrador que participó en varios operativos y murió de viejita.

“Hay unos perros que ya fueron  seleccionados para este fin, pero también tenemos perros que han llegado en adopción con el voluntario”, comentó el coordinador de la Unidad.

Está Hueso, por ejemplo, que fue rescatado por su dueño Javier, afuera de la Basílica de Guadalupe y se convirtió en un héroe de cuatro patas, y Gala, la veterana del equipo de 13 años de edad manejada por el propio Julio.

Llevan una vida en familia, pero entrenan en promedio durante dos años, para convertirse en perros de búsqueda y rescate. Luego deben ser certificados por la Organización Internacional de Perros de Rescate (IRO) para poder salir a operar, salvar vidas y dejar huella.

Aquí podrás acceder a noticias en tiempo real

Conoce lo más viral en Facebook Trending 

Lee a los columnistas de Excélsior Opinión

clm

Temas: