Slava’s snowshow, tormenta de emociones

El payaso ruso Slava Polunin explicó que uno de los mensajes de este espectáculo, que se presentará en México, es que “nacimos para ser felices” y que “no hay que dejar de ser un niño”

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CIUDAD DE MÉXICO, 21 de mayo.- La belleza y el calor del alma humana más allá del frío invierno, la nieve y la tristeza es tan sólo una de las imágenes que el payaso ruso Slava Polunin recreó en su espectáculo Slava’s Snowshow, en el que el juego infantil, la risa sencilla, la melancolía y la sensibilidad son despertadas en el espectador sin aviso, como una tormenta de emociones que empapa a todo tipo de público.

Será a partir de mañana 22 de mayo que esta creación escénica, hecha sin palabras y contada sólo con el movimiento corporal y los gestos de sus personajes, artistas en toda la extensión de la palabra, regrese a la Ciudad de México para una corta temporada que se presentará en el Teatro II del Centro Cultural Telmex.

La comunicación entre lo que sucede sobre el escenario y quienes miran desde abajo, se entrelaza a partir de las singulares expresiones de estos seres juguetones que rompen la cuarta pared y saltan hacia las butacas para interactuar con los espectadores. De ahí su éxito en diferentes países del mundo, pues el lenguaje es homogéneo: simplemente aborda la conducta humana, y no requiere de expresión verbal ni idioma para ser entendido.

En entrevista telefónica con Excélsior desde Rusia, Vyacheslav Ivanovich, conocido como Slava Polunin, afirmó que este espectáculo está basado en sus experiencias personales, aunque las funciones son diferentes dependiendo de cada público.

“Hay un principio general que se refleja mucho en mis obras: creo que todos nacimos para ser felices. Si tú sigues ese sueño, el de ser feliz, serás feliz.

“Yo hago lo que hago, vivo como vivo, y trato de todo esto convertirlo en un espectáculo, basarlo en mis experiencias personales, en el público general. Veo que los espectadores son abundantes y regresan, así que me parece que lo que hago tiene sentido.

“Lo más importante es no dejar de ser un niño. Lo más importante es tratar de procurar esta visión del mundo infantil y puro”, expresó Slava Polunin.

Un rito especial

El artista definió a Slava’s Snowshow como “un rito muy especial, de esos muy antiguos en los que la gente se junta para unirse a su propia historia y también para unirse a lo infinito del cosmos, del universo”.

Es por ello que el espectáculo toca las diferentes emociones humanas y lleva de la mano al espectador de una a la otra. Sentir cada una, intempestivamente, es síntoma importante de cada escena. Es así como conjuga alegría, pesar, inocencia y ternura a través de los cambios del clima, que van de la intensidad hasta la calma absoluta, en un contexto en el que la nieve es parte fundamental del juego.

“Está basado en algo muy especial: nosotros los rusos cuando vemos algo muy, pero muy hermoso, empezamos a llorar. Así somos. También nos encanta cantar canciones muy tristes, nostálgicas y melancólicas.

“Pensé, basándome en mis experiencias emocionales, que Rusia es un país tan frío, tan extenso y vasto, que el calor es muy necesario. Eso es lo que trato de recrear: frío y calor. Aquí estoy desarrollando la idea de ese choque entre el frío de la nieve y el calor del alma humana”, enfatizó el creativo originario de Novosil, Oryol Oblast, Rusia.

Sentir no pasa de moda

Como en cada temporada, Polunin invita a artistas de la región en la que se presenta para participar en las funciones. Sin embargo, aún los nombres definitivos de los mismos para nuestro país no están confirmados.

Estas colaboraciones han trascendido en ocasiones anteriores, desde 2006, cuando se presentó por primera vez en México.

“Rusia y México somos dos naciones muy cercanas hablando del aspecto emocional; somos dos naciones que sentimos igual y que vivimos nuestras experiencias emocionales de modo muy parecido”, dijo acerca de su próxima visita al Distrito Federal y Guadalajara.

Para Slava, el teatro es su vida y tiene claro que no importa cuántas generaciones pasen, las emociones humanas sobre un escenario son atractivas y únicas, irrepetibles, más allá de las nuevas tecnologías que permean al mundo. Sentir no pasa de moda.

“Para mí el teatro sigue siendo lo más importante en la vida. Muchas veces trataba de ir al cine o de ocupar mi tiempo de modo diferente, pero cuando pierdo el contacto con un auditorio grande, pierdo esa energía de la masa humana tan positiva y deja de importarme el existir en este mundo. El teatro es lo más importante, es lo que hago y lo que siento.

“Las nuevas tecnologías son muy peligrosas en el teatro, porque distraemos la atención del público del personaje, de la persona o actor y de su alma hacia los efectos especiales, los cuales ya no están relacionados con lo emocional, con la vida del alma humana. Hay que usar las tecnologías equilibradamente para no romper la relación entre el alma y el espectáculo”, explicó el hombre de 62 años.

Para Polunin, Slava’s Snowshow es su hijo predilecto y aunque contempla la creación de un espectáculo nuevo, considera que el público está tan enamorado de este show como él mismo, que sería imperdonable dejarlo.

“Mi espectáculo ya tiene más de 20 años, es mi hijo preferido y no puedo olvidarme de él ni un segundo. El placer es enorme. Todos mis actores se deleitan mucho también. Slava’s Snowshow es algo que nunca se me va a olvidar, siempre voy estar dentro de él. Además cambia según el público y los actores que salen allá, es multifacético”, concluyó.

¿DÓNDE VERLO?

SLAVA’S SNOWSHOW

DISTRITO FEDERAL

Temporada: Del 22 de mayo al 2 de junio.

Teatro II del Centro Cultural Telmex. Av. Chapultepec y Av. Cuauhtémoc, colonia Roma.

Horario: Miércoles, jueves y viernes 20:30; sábado 17:00 y 21:00; domingo 13:00 y 17:00 horas.

Costo: 475 a 850 pesos.

GUADALAJARA

Del 13 al 15 de junio, 2013.

Teatro: Diana. Av. 16 de Septiembre 710, Zona Centro.

Horarios: Jueves 20:30; viernes 18:30 y 22:00; sábado 17:00 horas.

Costo: 400 a 750 pesos.

Premio

El show obtuvo el Laurence Olivier Award como mejor espectáculo en 1998, en Londres, y ha causado furor en todo el mundo.

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