Neige Sinno: Deconstruir al depredador
La escritora francesa busca en Triste tigre convertir la historia de abuso sexual de la que fue víctima de niña en una conversación social

Hay un tigre real y uno simbólico. Y hay uno más. Quise que el otro tigre saliera de su jaula y ese otro es mi rabia”, comenta la escritora francesa Neige Sinno (1977) sobre su decisión de narrar la historia de abuso sexual de la que fue víctima de niña por parte de su padrastro.
Durante muchos años, el tigre para mí fue la metáfora del depredador, autoritario, muy presente, y quise volverlo triste en el proceso de escribir este libro. Deconstruí la imagen del tigre feroz, lo puse en otro lugar, en el de pobre tipo”, afirma en entrevista con Excélsior.
La narradora y traductora se refiere al título Triste tigre (Anagrama), que se convirtió en un fenómeno editorial en Francia en 2023 y que ahora se publica en español, en una versión de ella misma, en el que, a partir de esa terrible vivencia, establece una conversación tanto interior como social.
Es un libro escrito desde la rabia, desde la tristeza y la melancolía, porque sé que no lograré deshacerme de esta historia ni resolver nada. No hay palabras para contar lo que viví. Intenté acercarme lo más que pude al abismo que es esta historia. Se plantea como una conversación interior, pero desde la primera frase está inscrita también en una conversación social”, agrega.
La doctora en Letras por la Universidad de Aix-Marsella, que vive en México desde hace 18 años, explica que es un libro híbrido, entre autobiografía, literatura testimonial, ensayo y crítica literaria.
Me gusta esa idea de la hibridación, es decir, fusionar varios géneros para llegar a uno propio. Está escrito desde la perspectiva actual. No es la mirada de la niña, aunque a veces sí la necesito para explicar”.
Detalla que la idea del tigre viene del poema homónimo del británico William Blake (1757-1827), en específico del verso donde el bardo le pregunta al felino sobre su creador: “Él, que hizo al Cordero, ¿te hizo a ti?”.
El poema de Blake, que refleja una situación así de concreta, siempre generó en mí preguntas filosóficas. Si es la misma energía que corre dentro de las cosas de la naturaleza, del tigre y del cordero, qué tengo en común con él. Yo también puedo ser feroz y cruel y podría ser depredadora. Es una imagen que me permite analizar muchas cosas”, indica.
La también cuentista y ensayista describe que Triste tigre está hecho en dos partes. “En la primera, sigue estando muy presente mi padrastro, en todo el proceso hasta el juicio. Pero en la segunda parte se desvanece, y yo y los míos tomamos el papel principal. Se construye un nosotros. El tigre es ya una figura secundaria.
Al principio, el fantasma, el espectro, es la víctima; y, en la segunda parte, es al revés, el depredador es una sombra que llevamos a cuestas y que arrastramos, pero lo importante somos nosotros”, dice.
Admite que el papel de la memoria es importante en esta historia, pero que debió ser cuidadosa. “Porque el trauma te destruye la memoria, no puedes confiar en tus propios recuerdos, no son precisos. Se bloquean de forma espontánea. La memoria dañada es parte de la búsqueda, intentar construir algo a partir de una herida”.
Sinno señala que lleva mucho tiempo escribiendo sobre este tema en varios géneros literarios, pero nunca lo hizo como una forma de sanarse. “Mi propósito es hacer un buen libro, no sanarme. No me siento mejor después de escribirlo. Sigo con las mismas preguntas. Sanar es hacer las paces. Pero sería una traición encontrar paz, cuando sé que esto no está arreglado.
Quisiera poder pensar en otra cosa. Pero 30 años después sigo teniendo pesadillas. Por eso el tema regresa, porque el trauma no se va. Desde que me violaron de niña, las cosas no han cambiado ni en Francia, ni en México ni en China. Eso es lo lamentable”, confiesa.
Narra que para compartir esta historia estableció una especie de contrato con su lector. “Creo que debe haber ciertos límites; contar, pero no más de lo necesario, que no produzca dolor. Para mí, lo más importante era pensar y creo que para eso necesitas un espacio más o menos seguro, que no haya una amenaza de algo doloroso o agresivo.
Invito a atreverse a pensar, a ver, a compartir historias que nos han enseñado que no se comparten, que es vergonzoso. Rompo con la prohibición de hablar”, concluye.
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