Una máquina para hablar con los muertos: así es “Mortis causa”
La más reciente novela juvenil de Luisa Reyes Retana, sigue a cuatro estudiantes que crean una máquina para explorar los últimos momentos de los muertos, desatando una inquietante reflexión sobre la ciencia, la ética y la deshumanización en contextos de violencia.

Una máquina que permite conectarse con los muertos y conocer los últimos minutos de su vida. Cuatro estudiantes de medicina forense intentan determinar las causas de muerte de varios cuerpos donados a la ciencia y, en su búsqueda por humanizar la criminalística, crean la Consola de Entrelazamiento Cuántico para Exploración Diagnóstica.
Lo que desata este experimento, tan audaz como peligroso, es el eje de la novela de ciencia ficción Mortis causa (UNAM), de la narradora mexicana Luisa Reyes Retana (1979), en la que se entrelazan la muerte, la ciencia y la ética.

La trama del título ilustrado por el argentino Diego Molina, uno de los que conmemoran los cinco años de la colección de literatura juvenil Hilo de Aracne, se desarrolla en un lugar llamado La Escalera, en la provincia del Cálume, en Santísima.
“No imaginé un futuro muy lejano ni un lugar muy distante. Es inventado, La Escalera, la ciudad en la que estos muchachos estudian. Bueno, cualquier parecido con la realidad, no es mera coincidencia”, afirma en entrevista Reyes Retana.
Quien estudió Derecho en el ITAM y una maestría en Derecho Comparado en la Universidad de Berkeley, en California, explica que “los jóvenes vienen de un barrio donde ocurren muchas muertes violentas y las morgues no se dan abasto. De alguna manera, la vida de las personas se reduce a la manera en que murieron y así son recordados. Estoy hablando de nuestro país, con toda claridad”.

Señala que los alumnos “buscan la forma de dignificar a los muertos, de darles un poco más de sustancia a sus dictámenes; saber quiénes fueron, cómo vivieron, por qué acabaron en esa situación.
Se trata de cadáveres que el Estado le asigna a la Universidad, porque fueron encontrados debajo de los puentes, flotando en el río o aventados en algún acantilado y nadie los reclama; y son, además, un muestrario de los horrores de cómo vivieron, de las enfermedades que acumularon y las condiciones físicas que los llevaron a la muerte”, agrega.
La también editora, que vive en Berlín desde hace seis años, da vida a personajes como Máquina, el Príncipe, Cables y la Líder, y a su profesor Igor Morosov, perito en la materia forense. “Cada uno tiene sus motivaciones, unos son más científicos, otros más humanistas. Pero la amistad guía el proyecto, algo que se pone a prueba.
“Las experiencias con los muertos no suceden en un laboratorio, sino en espacios sin fronteras. Entonces, los chicos no saben si están viéndose a sí mismos o qué tanto de lo que ven los refleja a ellos o está escrito en su información genética. Salen de estas experiencias bastante afectados y esto va complicando la trama”, advierte.
“El que armó la máquina, Cables, tiene otra consola, que no dio a conocer, y recibe informes de lo que experimenta la persona conectada. Descubre que todo es más terrible de lo que calcularon”, dice la exdirectora del Instituto Cultural de México en Alemania.
Destaca que las causas de la muerte de las personas dicen mucho del acceso a la salud que tuvieron en vida. “La máquina se conecta con una mujer que, simplemente por cómo se ve, la llaman bruja. Siente que todos los sistemas la rechazaron, se aisló, tuvo que vivir marginada de la estructura de salud, del trabajo, de una vivienda digna, sólo por su apariencia. Este rechazo es una posibilidad muy real en cualquier país”.
La autora de las novelas Arde Josefina, Tu lengua en mi boca y Mal de río acepta que “ya estamos muy acostumbrados a convivir con cadáveres, es una de las formas de muerte que ya aceptamos y normalizamos. Eso nos ha deshumanizado. Pero no creo que debamos decir qué malditos somos, porque sólo nos estamos protegiendo, es demasiado doloroso.
“Duele ver en tu pantalla cómo se desmorona el tejido social, las democracias, el medio ambiente, las adicciones. Todo corre como fuego por el campo seco. Si tenemos cada vez menos sensibilidad hacia la muerte es para protegernos del dolor. Si los jóvenes reflexionan sobre esto, habré hecho mi chamba”, concluye.
Reyes Retana planea convertir a Mortis causa en una trilogía. “Quiero demostrar que, a pesar de que la tecnología nos está llevando por caminos oscuros, seguimos siendo seres espirituales, sintientes, que viven y mueren, que sufren. Debemos humanizar a los vivos”.