Memoria artística de Pellicer; acervo cultural

En el aniversario 125 del natalicio del poeta, el INBAL recibió más de dos mil obras de arte que serán resguardadas en el Munal

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Durante la ceremonia en el Palacio de Bellas Artes, la escritora e historiadora Beatriz Gutiérrez Müller realizó la cancelación de una estampilla postal y de un billete de Lotería conmemorativos. Foto: Cortesía Secretaría de Cultura federal

CIUDAD DE MÉXICO.

La colección de arte del poeta y museógrafo Carlos Pellicer Cámara, integrada por dos mil 77 piezas, entre óleos, dibujos y fotografías de artistas como José Clemente Orozco, José María Velasco, Saturnino Herrán, Roberto Montenegro, Santiago Rebull, Oswaldo Guayasamín y Manuel Álvarez Bravo, entre muchos más, fue donada al acervo cultural de México que resguarda el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

La entrega fue anunciada ayer por Carlos Pellicer López, sobrino del poeta tabasqueño y consejero de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de México, en el Palacio de Bellas Artes, donde estuvo presente la escritora e historiadora Beatriz Gutiérrez Müller, quien acudió en representación del presidente Andrés Manuel López Obrador y participó en la presentación del billete de lotería y la cancelación de la estampilla postal conmemorativos por el 125 aniversario del natalicio de Carlos Pellicer (1897-1977).

En mitad de este tiempo de sufrimientos es bueno detenernos para recordar a un hombre que supo oponer su alegría (y) su optimismo a las desgracias que suele entretejer la vida en todos los tiempos”, expresó Pellicer López.

Dicha colección es la suma de dos acervos: 651 piezas y documentos de la colección Carlos Pellicer, heredada a su sobrino; y mil 426 piezas del artista Mario Alonso Ostolaza.

Cuando murió mi tío Carlos, hace ya casi 45 años, me tocó heredar, entre tantas bendiciones, la mitad de su colección de pintura”, detalló Pellicer López.

Desde entonces empecé a pensar dónde y cómo acomodar ese universo. No era fácil, no era prudente legar este acervo a otra administración, a otro gobierno. Ahora es el tiempo ideal”.

Además, reconoció que las colecciones de arte están hechas para el disfrute personal del coleccionista, pero terminan su ciclo natural cuando desembocan en el dominio público, al cuidado del Estado, para procurar su difusión y conservación.

El poeta Pellicer, desde muy joven, comenzó a reunir los más variados objetos, piezas arqueológicas, libros, corbatas, artesanía popular, pinturas, grabados y fotografías. En ello se reflejan sus gustos, que casi siempre fueron obsequios de sus autores.

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Retrato de Carlos Pellicer, pintado por Diego Rivera en 1942.

Y añadió: “No dudo que precisamente, durante el tiempo que trabajó aquí en Bellas Artes organizando las inolvidables muestras de Velasco, Clausell, Cordero, Orozco y del Dr. Atl, entre tantos otros, la cercanía con los artistas y familiares haya contribuido a incrementar la colección”.

Además, explicó el tema de las dos colecciones. “Una es la que heredé de mi tío y la otra es la que me legó un amigo de la familia, Mario Alonso Ostolaza”, cuya obra prácticamente íntegra forma la segunda colección, a quien definió como “un personaje extraordinario, digno de un cuento o una leyenda”.

Alonso Ostolaza nació en Durango, en 1912, y murió en la Ciudad de México, en 1989. Sus padres pertenecían a las familias más distinguidas de Durango y su papá, Luis Alonso, llegó a ser gobernador al triunfo de Madero.

Al terminar la lucha armada, muerto don Luis, la familia residió en la CDMX, donde inició sus estudios de química en la universidad. “Pero poco a poco descubrió que su vida era el dibujo y otros intereses”, por lo que se dedicó a aprender todo lo que podía”.

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Pieza sin título, de Saturnino Herrán, pintada hacia 1910.

Por su afición taurina, (Alonso Ostolaza) conoció a mi papá y así se conviertió en uno de los amigos medulares de mi familia”.

Cuando Mario Alonso murió, su hermana Yolanda designó a Pellicer López como heredero de este conjunto. “Hoy entrego ambas colecciones para su custodia y difusión en las manos del INBAL”.

Durante el acto, Alejandra Frausto, secretaria de Cultura, detalló que esta colección será resguardada en el Museo Nacional de Arte (Munal), “porque allí es donde se podrá difundir, como a Pellicer le hubiera gustado, la historia artística de los muros de su propia casa, sus andares y el amor al proceso artístico”.

Comentó que ésta incluye cerca de 40 obras de José Clemente Orozco, “a quien él describía como promotor de fuerzas plásticas, el hombre que se encerraba como el huracán, el generoso ayudante de la justicia. Para Pellicer, el arte de Orozco fue una hoguera prodigiosa en la que él se quemó como Quetzalcóatl”.

Así como fotografías de Armando Salas Portugal, Manuel Álvarez Bravo y Bernice Kolko; 30 obras de Roberto Montenegro, una de Guido Reni y varias obras de Guayasamín, Nahui Olin, Saturnino Herrán y óleos de José María Velasco.

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El óleo El popo o volcán fue pintado en 1908 por Gerardo Murillo Dr. Atl, y forma parte de las piezas donadas al INBAL.

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Carlos Pellicer escribió Piedra de sacrificios en 1924.

REVIVE ANÉCDOTAS PELLICERIANAS

El poeta y museógrafo Carlos Pellicer Cámara se sentiría orgulloso de saber que en México se ayuda de manera preferente a los pobres y no se hace daño a nadie.

Así lo expresó ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador en un videomensaje transmitido en el Palacio de Bellas Artes, dentro de la ceremonia conmemorativa por el 125 aniversario del natalicio del vate tabasqueño, autor de Hora de junio, Subordinaciones y Práctica de vuelo.

En su oportunidad, el Presidente compartió algunas anécdotas que vivió con Pellicer Cámara hacia 1973, cuando lo conoció, y hasta dos días antes de su muerte, el 16 de febrero de 1977.

Por ejemplo, recordó la ocasión en que le entregó un poco de dinero en Navidad, cuando fue nombrado candidato a senador por Tabasco y cuando le robaron una serie de pinturas de José María Velasco.

Recuerdo que una Navidad fui a visitarlo a la calle de Sierra Nevada, en las Lomas de Chapultepec, y luego de hablar de asuntos políticos, de piezas arqueológicas que llenaban su casa, falsas o auténticas, pero bellísimas, y del nacimiento que año con año montaba para el disfrute de muchos, al despedirme me entregó un rollito de billetes, que fueron mi felicidad, porque en esos tiempos, como decíamos, traíamos hambre vieja”, relató.

-Juan Carlos Talavera

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