Libro compila y analiza cartas entre la poeta Helena Paz Garro y el polémico escritor Ernst Jünger
La investigadora Elsa Schwarz publica un libro que reúne las misivas entre la poeta mexicana y el escritor alemán

CIUDAD DE MÉXICO.
Las mariposas son más fuertes que los demonios, no tenga usted miedo”. Esta es la frase que el escritor alemán Ernst Jünger (1895-1998) le dedicó a la poeta mexicana Helena Paz Garro (1939-2014) en una pequeña postal que, al reverso, tenía impresa una mariposa de color amarillo con tonos naranja.
La polémica hija del Nobel de Literatura Octavio Paz y la escritora Elena Garro guardaba celosamente esta tarjeta en su cartera y la conservó durante casi medio siglo, cuenta la investigadora Elsa Schwarz Gasque, a quien se la mostró como prueba de la correspondencia que mantuvo con el filósofo y novelista durante más de 35 años.
Este dato detonó el interés de la estudiosa, quien descubrió en el Archivo de Literatura Alemana, en la ciudad de Marbach, las misivas y las postales inéditas que integraron este intercambio epistolar, escritas en francés; 45 de las cuales se dan a conocer ahora en el libro Helena. La soledad en el laberinto (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/ Ediciones del Lirio), que incluye el análisis de la doctora María del Carmen Vázquez Martínez de los procesos síquicos que subyacen en la escritura de las cartas, a partir de las teorías de varios autores.
Se trata de una comunicación que comenzó en 1961 y terminó en 1996, dos años antes de la muerte del autor de Sobre los acantilados de mármol”, detalla en entrevista con Excélsior Schwarz Gasque, quien charló con Helena Paz los últimos tres años de su vida en Villa Laurel, el asilo donde vivía en Cuernavaca.
Comenta que al principio buscó a la autora de La rueda de fortuna y Ónix para complementar su tesis de doctorado sobre su madre, Elena Garro. “Pero cuando me habló de esa correspondencia y la encontré en el archivo cambié el rumbo de mi investigación”.
La doctora en Sicoanálisis y Arte agrega que “Helena tenía 21 años cuando escribió en perfecto francés la primera misiva, manuscrita en papel cebolla color azul. Desde ahí comenzó una amistad que duró 37 años, a través de la que Jünger se convirtió en su consejero, su amigo y el sustituto de su padre”.
Dice que “las cartas de Helena me dieron el acceso a una parte muy íntima, conocí sus inquietudes, su soledad y su tristeza y, sobre todo, ese grito desesperado al padre siempre ausente en su vida”.
Al principio, narra, ella callaba y le hacía preguntas sobre su vida en el extranjero. “Esta vivencia fue como traspasar el tiempo buscándola en otro espacio inexistente para los demás, no fue fácil acercarse a ella. Su actitud se transformó cuando supo de Jünger había conservado sus cartas, no lo sabía”.
La egresada de la Escuela de Medicina de la BUAP recuerda que cuando le dio a Helena la noticia del hallazgo, por teléfono, lo primero que expresó fue: “¿Me estás diciendo que él guardó todas mis cartas?”. Y, al enterarse que no estaban las misivas que Paz le mandó al alemán, reflexionó: “¿O sea que yo fui importante para Jünger por ser yo, Helena, y no la hija de mi padre? Gracias, hoy me has dado el regalo más bello de mi vida”, le confesó.

HALLAZGO EPISTOLAR
Elsa Schwarz destaca que halló en el Archivo de Literatura Alemana dos carpetas con la correspondencia mencionada: una contiene 32 cartas, 136 hojas y una foto, y está fechada de 1961 a 1982; y la segunda resguarda 23 misivas, 62 páginas y dos fotos, con fecha de 1983 a 1996. Además, dos cartas de Elena Garro a Jünger.
Explica que Helena Paz redactó su primera misiva el 25 de octubre de 1961, y la última publicada, la número 45, el 4 de agosto de 1996, desde Cuernavaca, Morelos. La autora de Memorias siempre se despedía firmando “Su Helena Paz”; y en la última carta apuntó: “Su Helena Paz, pero realmente soy suya”.
El último párrafo de la misiva 45, que Jünger seguía atendiendo a sus 101 años de edad, reza: “Usted sabe que sigue siendo mi ángel de la guarda con ojos azules estrellados. Usted es la persona que más amo en el mundo (después de mi madre), la única persona que me ayudó”.
En estos documentos, Paz Garro le comentaba al autor de La concha de oro, a quien ella y su madre conocieron personalmente, sus lecturas, lo que le parecían sus libros, los viajes de su padre y sus puestos en las embajadas; pero, sobre todo, la soledad que experimentaba y sus dudas existenciales.
El propósito de este libro es reconocer a Helena Paz Garro no sólo como la hija de dos genios, sino como una mujer que, a pesar de poseer un gran talento y cultura, tuvo el infortunio de no ser reconocida desde los primeros momentos de su vida. Quizá sin proponérselo, Paz y Garro empujaron a su única hija a vivir y sufrir la soledad en un laberinto”, señala la catedrática.
Helena guardó como un tesoro las cartas de Jünger, porque le servían para apaciguar su angustia y soledad. Y éste no sólo la acompañó con sus cartas hasta el final, sino que la reconoció como persona y como poetisa y, además, le da un lugar en la historia, pues sus misivas están ahora colocadas en el archivo del país de sus héroes medievales”, concluye.
