'La sombra de Julio César', un genio sin amigos

El escritor italiano Andrea Frediani promueve en México la primera novela de su trilogía ‘Dictador’

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Fotoarte: Horacio Sierra

CIUDAD DE MÉXICO.

Estratega brillante, uno de los más grandes de la historia, amado por el pueblo y por los soldados, un “genio” que se consideraba a sí mismo semi­diós, el político y militar ro­mano Julio César (100-44 a.C.) inspira la trilogía Dictador, del escritor italiano Andrea Fre­diani (1963).

La sombra de Julio César (Espasa) es la primera entre­ga que, publicada en Ita­lia en 2011, ahora llega a México destacando los episodios poco conoci­dos de este emperador cuya “vida densa” abar­ca los títulos El enemigo de Julio César y El triunfo de Julio César, de próxima aparición.

Antes que nada, Julio Cé­sar era un genio, no todos los políticos y dictadores lo son. Era un dictador de izquierda, populista. Hablando de Amé­rica Latina, podría comparar­se con Juan Domingo Perón. Era un dictador que estaba del lado del pueblo. Éste lo ama­ba, porque propuso varias leyes en contra de la aristocra­cia, les quitó privilegios”, afir­ma Frediani en entrevista con Excélsior.

Era muy arrogante. Cuan­do llegó al poder no podía pa­rar. Usaba a sus amigos para sus fines personales; es de­cir, no tenía amigos verdade­ros. Fue un hombre que quiso demasiado. Era de izquierda, pero no era demócrata, sino un autócrata; pensaba que él solo podía salvar a Roma”, agrega el también historiador desde su casa en Italia.

Detalla que su interés en el personaje surgió de manera natural. “Yo nací como histo­riador militar porque mi papá era un militar; desde niño ju­gaba con los soldaditos. En­tonces, para mi era imposible no dedicar mi tiempo y mi in­vestigación a alguien como Ju­lio César, que es considerado uno de los tres máximos jefes militares de la historia, jun­to con Napoleón Bonaparte y Alejandro Magno”.

El licenciado en historia medieval agrega que la prime­ra parte de esta trilogía fue su quinta novela. “La propues­ta vino de la editorial Planeta; y, en el primer momento, no quería aceptar porque muchos escritores famosos se han ocu­pado del personaje. Pero, pen­sé que la vida de Julio César es tan densa que siempre hay algo nuevo qué contar, algo que la gente no conoce, algo qué investigar, y tomé el reto”.

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El catedrático destaca que descubrió “algo importantísi­mo” en la vida de Julio César de lo que no se ha hablado: su relación con Tito Labieno, a quien conoció siendo un niño en las calles de la Suburra, en el año 88 antes de nuestra era.

Con él selló una amis­tad destinada a perdurar en el tiempo, que terminó en riva­lidad. Esta historia de quienes fueron compañeros de batallas y en el poder, puede interesar tanto a los académicos como a los lectores de novela”, indica.

En la obra de Julio César, De bello gálico, donde habla de su campaña en Galia, fal­ta la parte de por qué se pe­learon, por qué quebró esa amistad. La relación fue muy intensa y puede dar lugar a di­versas interpretaciones. Pasó de la amistad a la rivalidad. Y la falta de fuentes oficiales me dio la posibilidad de dar un giro que contaré en el segundo volumen”, añade.

Frediani dice que juntos, César y Labieno, desarrollaron las más hábiles estrategias y llevaron a cabo extraordinarias hazañas en el campo de bata­lla que los hizo, casi, invenci­bles. “Sin embargo, mientras el éxito y el reconocimiento militar y político de César no para de crecer, las voces con­trarias empiezan a surgir des­de el Senado, y hacen peligrar su futuro”.

Comenta que también re­crea la vida del hijo de Labie­no, Quinto. “Es un personaje muy desagradable, que trai­ciona a los romanos y se pasa con los persas; pero se enamo­ra de la princesa Beleda y ella está enamorada de un gene­ral germano. Hay muchas his­torias de amor cruzadas en la novela”.

Concluye que “Julio César pudo llegar a donde llegó ex­plotando la crisis de la Repú­blica, que tenía varios siglos, y décadas de guerras civiles. Llegó al poder corrompiendo. Lo que hizo cambió no sólo la historia de Italia y Europa, sino la del mundo entero. Murió jo­ven, pero indicó el camino, dio la posibilidad al Imperio ro­mano de sobrevivir otros mil 500 años”.

El aprendizaje que dejó este genio es que “el político debe actuar de forma sobria, sin excesos”.

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