Josu Iturbe inspira su novela en la muerte de los millonarios más grandes del planeta
La más reciente novela, es una crítica sin moraleja, una reflexión sobre el capitalismo y la situación económica actual

CIUDAD DE MÉXICO.
Para Josu Iturbe, Ojo de aguja, su cuarta y más reciente novela, es una crítica sin moraleja, una reflexión sobre el capitalismo y la situación económica actual.
Nacido en Bilbao en 1964 y radicado en México desde 1987, el escritor dice que es vital tener conciencia de la desigualdad social que, como residente del país azteca, es lo que más le duele.
No espero una revolución mundial, ni soy comunista. Pretendo hacer un análisis del capitalismo. Es real que vivimos en ese capitalismo y que tendremos que seguir viviendo en él, pero podremos hacer algo ¿no?”, expresa.
Sentado en un cómodo sillón, a un costado de la ventana de su estudio, Iturbe asegura que la historia ha demostrado que la liberalización de la economía o la falta de control de los gobiernos y el mercado sólo generan mayor desigualdad.
Hay más ricos y muchos más pobres. Y luego piensan que no hay una relación entre que unos sean más ricos y otros más pobres. ¡Sí hay una relación!, o sea, el dinero que no tienen unos, lo tienen los otros. Entonces, habrá que decir: sí, esta es la realidad que vivimos, pero hay cosas que no podemos tolerar”.
En Ojo de aguja, un thriller que el autor califica como “actual”, comienzan a morir los millonarios más grandes del planeta y un supuesto grupo revolucionario reivindica estos atentados.
Quise meter en aprietos a gente que nunca está en aprietos, que no tiene problemas, que tiene abogados, que nunca tiene conflictos, salvo los humanos, que también mostramos. (Evidenciamos) que son humanos, no son gente especial, es gente normal que por una u otra razón acumuló un chingo de dinero, pero son gente normal”, explica.
El relato de Iturbe detalla uno a uno los asesinatos con los que, según él, el grupo revolucionario intenta protestar por la desigualdad que hay en el mundo, la acumulación y el capitalismo.
En esta obra, reaparece un viejo personaje que el narrador creó en 2012, para su novela Río subterráneo. Se trata del policía yucateco Salvador Xiu, a quien sorprende en Mérida el primer asesinato y lo envuelve en una inesperada historia que le da un giro inesperado a su vida personal y profesional.
Quise rescatarlo un poco y por eso hice que el primer crimen ocurriera ahí, para que él vaya tratando de resolver el caso, que luego es una cosa más internacional.
(Xiu) está a punto de jubilarse, tiene 64 años y tiene otro plan. Esto le cae un poco inesperado, quería ese planteamiento”, detalla.

Ofenderse es básico
Hablar sobre grupos revolucionarios lleva, inevitablemente, a analizar la polémica en torno a Pedro Salmerón, quien en días pasados escribió que el asesinato del empresario Eugenio Garza Sada, el 17 de septiembre de 1973, fue cometido por un “comando de valientes jóvenes”.
Por este comentario, el historiador presentó su renuncia como director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).
Yo creo que sí son valientes, ¿por qué no? No es cuestión de reivindicar, cada cosa tiene su lugar y la historia es reinterpretable constantemente”, agrega.
Iturbe señala que es necesario ver la versión desde el empresario como víctima, pero también la de los jóvenes y lo que intentaban.
No era cometer un crimen por cometerlo. Era algo en unas circunstancias, en un contexto histórico. Todo tenemos que ver. La polémica está bien en cuanto a que son temas que no se han analizado lo suficiente y que hay que volver sobre ellos porque no sabemos, o no se les ha dado la importancia que tienen”.
El escritor mantiene al margen su opinión sobre si el escrito era censurable, pero considera que lo dicho por Salmerón era una interpretación de un “tipo que escribe de historia”.
Atacar porque alguien tenga una perspectiva diferente, caemos en la miserable cosa de lo políticamente correcto. Ya no se puede decir nada porque se ofenden unos, se ofenden otros (…) ¡Pues si ofenderse es lo básico para agitarnos y para reactivar nuestras ideas!, no entiendo esa parte de la falta de dialéctica”, indica.
Asegura que no es posible lograr productos que gusten a todo el mundo, porque el resultado sería “una porquería” y considera que se debe ir más hacia la diversidad, al regionalismo, a las múltiples formas o a los intercambios, que a una versión unipolar.
Para que un producto guste a todas las culturas, de diferentes sociedades, pues tiene que ser muy malo”.
