Invocan espíritu y creación de Posada

En este nuevo espacio, el coleccionista Mercurio López Casillas expone cerca de 600 grabados originales de su colección particular creados entre 1874 y 1913.

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Una de las mayores deudas que la Ciudad de México tenía con José Guadalupe Posada (1852-1913) era la creación de un museo que exhibiera, de manera permanente, su obra gráfica.

Así nació Salón Posada, nuevo espacio cultural –ubicado en Tres Cruces 99, en Coyoacán– creado por el investigador y coleccionista Mercurio López Casillas, en el que expone cerca de 600 grabados originales de Posada, provenientes de su colección particular, que van de 1874 a 1913.

Destacan algunas piezas de sus primeros trabajos, como los ex libris y esquelas que hizo para velorios en León, Guanajuato; bolos bautismales y etiquetas para medicamentos, sus primeras colaboraciones en periódicos de la época y cientos de grabados, litografías e ilustraciones para periódicos, libros y revistas.

También se exhiben ilustraciones que el grabador hidrocálido hizo para la Biblioteca del Niño Mexicano, que escribió Heriberto Frías; y numerosas caricaturas para La Guacamaya, La Araña, Gil Blas, El Diablazo, y editores como Trinidad Pedroza, Francisco Montes de Oca, los Hermanos Maucci y Antonio Vanegas Arroyo, así como una amplia selección de calaveras, personajes de nota roja y retratos de la Revolución.

La entrada al museo es a través de una librería de viejo, que es una de las pasiones de Mercurio López, para luego acceder a este espacio níveo con cuatro salas permanentes (Editores, Calaveras, Ejemplos y Revolución) y una quinta, que es temporal, dedicada a explorar personajes reales y ficticios de la capital, creados por ilustradores y caricaturistas de nuestro tiempo.

¿Por qué abrir un museo dedicado a Posada? “Posada merece un espacio permanente en la ciudad, pues la mayor parte de su obra la hizo aquí y porque si hay un artista que representa al pueblo y al que se identifica con lo mexicano o con la identidad mexicana… ése es Posada”.

Y también porque es una forma de saldar una deuda, dado que la capital trató a Posada de manera muy ingrata. “Él salió de León, luego de una inundación muy grande, y vino aquí a buscar un mejor futuro. Al principio, Ireneo Paz (abuelo de Octavio Paz) lo recibió y lo presentó como el gran caricaturista que iba a tener México, pero ese reconocimiento no lo recibió en vida.

“En León, Posada era de clase media, tenía su taller propio y era maestro de litografía, pero en la capital ya no tuvo el mismo nivel de vida, dado que todo se fue encareciendo y la dictadura de Porfirio Díaz, que fue cada vez más severa con las publicaciones periódicas, le cerró espacios donde publicar”, comenta.

Posada llegó a la Ciudad de México e instaló su primer taller (hacia 1888), en lo que hoy es la calle de Santa Teresa, luego se mudó a Moneda (antes Santa Inés) y, a partir de 1906, se fue a República de Nicaragua (entonces Cuadrante de Santa Catarina), luego se movió a la calle de El Carmen y terminó en el barrio de Tepito, en la Avenida de la Paz.

“Fue de más a menos y la ciudad lo fue empujando hacia la periferia. Así que cuando Posada murió, estaba en la miseria y ninguno de sus amigos ni editores se enteró, por lo que fue sepultado en una tumba de sexta categoría.

“Y seis años después de que nadie reclamara sus restos, fue llevado a la fosa común del Panteón de Dolores. Lo que pretendo con el Salón Posada es reivindicar su figura como artista de México y de la Ciudad de México”.

¿Cómo funcionará la sala temporal? “Con exposiciones cada dos meses y medio. El espacio abrió con Chepito Mariguana y otras personas de la CDMX, del propio Posada. La próxima será Posada, la vida no vale nada... y la hoja suelta un centavo, de Gonzalo Rocha, que actualmente se exhibe en Los Pinos, que es una historieta sobre la vida de Posada”.

Inaugurado con sigilo el pasado 5 de octubre, el Salón Posada –que abre de lunes a domingo de 10:00 a 18:00 horas, con un costo de $130 para público extranjero, de $65 para mexicanos y de $39 para maestros y estudiantes– ocupa lo que antes fue una vivienda y ahora busca posicionarse como un espacio cultural que dialogue sobre el más importante grabador mexicano.