El duelo, un coctel de emociones

Seis filósofos reflexionan sobre este “proceso discontinuo y complejo” y la manera como transforma al ser humano

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¿Qué es el duelo? La pérdida percibida de alguien o algo muy significativo. La fractura dolorosa de la identidad práctica. Un coctel de emociones. Un estado mental complejo que reúne cambios fisiológicos. Un proceso narrativo. Un pensamiento no invitado. Una capa de tristeza continua.

Ese “proceso no uniforme” que, ante su ausencia o dificultad de realizarlo, cobró importancia social durante la pasada pandemia de covid-19, inspira los seis ensayos del libro Filosofía del duelo (Gedisa) que coordinan los especialistas Rocío Cázares y Francisco

J. Serrano.

¿Cuáles son las emociones típicas del duelo? ¿De qué manera nos transforman? ¿Qué procesos psicológicos están implicados? ¿Se termina o es permanente? ¿Qué hacemos con él? Los filósofos mencionados, además de Abraham Sapién, David Fajardo-Chica, José M. Araya y Roger G. López, reflexionan sobre estos temas desde el pensamiento latinoamericano.

Entendemos el duelo como la pérdida percibida, anticipada, presente o futura, de algo que es valioso para nosotros. Siempre se piensa en él cuando muere una persona querida; pero puede haber duelo por la pérdida de un trabajo, de un país, de nuestro hogar o de una relación amorosa, filial o de amistad”, explica Serrano en entrevista.

El duelo es una fractura de la identidad práctica. Perder la relación con una persona es perder proyectos e identidad. Es como si ya no estuviera un hilo en tu vida, que es la red, afecta a todos los hilos con los que se entrecruza. Sigue siendo parte de tu identidad, pero ya no hay proyectos futuros”, agrega Cázares.

Para Sapién, coautor junto con Fajardo-Chica del ensayo Mictlán: vivir la propia muerte, “el duelo es un proceso narrativo, es decir, cómo nos construimos, qué somos para nosotros en relación con esa pérdida que acabamos de tener. Entender el proceso de duelo es comprender la narrativa de cómo algo que nos constituía va cambiando”.

Los coordinadores del volumen coinciden en que no hay recetas para lidiar con el duelo. “Es un proceso, pero no uniforme. No todos lo vivimos de la misma forma. Incluso, una misma persona sufre diversos duelos de diferentes maneras. Hay emociones típicas que sí están estudiadas, el enojo, la tristeza, la angustia; pero en el caso del duelo es distinto”, señala Cázares.

El duelo es un proceso discontinuo que se manifiesta de maneras diversas. Nos recuerda que ha muerto alguien. Nos enseña que la muerte está presente y que tenemos experiencias o actitudes diversas para lidiar con ello”, añade Serrano.

Por su parte, Sapién aclara que “mientras que la tristeza es sobre algo, el duelo es sobre alguien, esa es la diferencia. Una vez que establecemos que el duelo es perder la relación con una persona, lo que hacíamos con ella, podemos comprenderlo mejor”.

Sobre la pregunta de si el duelo se queda, si es permanente, Cázares admite que ese es el gran debate. “Hay diferentes opiniones en la filosofía sobre si termina o debe terminar. Unos piensan que sí, que eso es lo sano; pero otros creen que no termina nunca, porque siempre nos faltará esa persona y nos dolerá su ausencia. Pero que hay una forma que esa permanencia se dé para que podamos seguir siendo funcionales”.

Yo sí creo, continúa Sapién, “que el duelo puede terminar y finaliza en el momento en que vuelves a saber quién eres sin esa persona, como en una relación de pareja. Claro que es más fácil terminar unos duelos que otros”.

Cree que la relación festiva que los mexicanos tienen con la muerte sí ayuda al duelo. “Cómo incluimos a la muerte en el entendimiento de quiénes somos y cómo funcionamos. La apuesta por la vida nos da a entender que somos limitados. Aquello que nos constituye como personas no acaba con la muerte, pero termina nuestra capacidad de narrarnos y luego los otros dicen quiénes fuimos”.

Cázares y Serrano adelantan que seguirán trabajando en la filosofía de las emociones. “La filosofía tiene la capacidad de frenar lo vertiginoso de la vida contemporánea. Nos da palabras y conceptos. Hay una efervescencia emocional en las redes sociales. Debemos cultivar el interés por la verdad”, concluyen.

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