Dibujos con vida de Carlos Alberto Leal
El comunicólogo y dibujante entrega en 'El caricaturiscopio' la historia ilustrada de figuras y personajes animados, desde la Edad de Piedra hasta el siglo XX

CIUDAD DE MÉXICO.
“El siglo XXI ha resultado muy positivo para la animación mexicana, gracias a que el formato digital abatió costos”, afirma el comunicólogo Carlos Alberto Leal. Pero reconoce que, aunque existe talento de sobra, al país le falta mucho para destacar en esta disciplina a nivel internacional.
La animación mexicana necesita entenderse a sí misma, desarrollar una personalidad propia, un enfoque, una visión clara; debemos decidir qué queremos, si recrear nuestra realidad o simplemente copiar”, agrega enentrevista con Excélsior.
El dibujante y caricaturista detalla que en el país trabajan unos cien estudios de animación, pero la mayoría maquila proyectos extranjeros. “Necesitamos apoyos tanto del gobierno como de la iniciativa privada para competir con Estados Unidos y Japón, que son los principales productores de animación.
Señala que estas dos naciones, junto con Canadá, China y Corea, crean actualmente el 50 por ciento de la animación del mundo, Europa realiza el 25 por ciento y, el resto, diversos países, incluido México. “Por ejemplo, Japón filma al año unos cien cortometrajes en este rubro, mientras que en tierras aztecas se hacen máximo cinco”.
El creador jalisciense nacido en 1972 explica que la animación no es algo independiente del desarrollo del cine, la televisión, el internet y el streaming. “Ha sido un largo camino para consolidar el dibujo animado en movimiento”, indica.
Y, precisamente, en su libro El caricaturiscopio (Grijalbo) comparte la historia ilustrada de los dibujos animados que, detalla, comenzó en la Edad de Piedra, pues en las pinturas rupestres ya se manifiesta un deseo de transmitir movimiento y acción al plasmar dibujos dobles de un felino o la figura de un bisonte con varias patas superpuestas, que parecen moverse si se iluminan con una antorcha.
Estos efectos gráficos hechos por nuestros antepasados, nos indican que crear la ilusión de vida en un dibujo es un deseo muy antiguo”, añade.
En El caricaturiscopio, primer ganador del Premio Rius al Género del Libro-Historieta en 2018, quien comenzó a dibujar a los 11 años revisa desde las figuras de los murales egipcios, pintados 2,000 años antes de nuestra era, hasta los primeros proyectores de movimiento, la invención de las linternas mágicas y el surgimiento del cine, entre otros sucesos.

El recorrido histórico de este tomo, pues prepara ya el segundo, termina en la primera mitad del siglo XX. “Invito a reflexionar sobre quiénes son los héroes desconocidos que sentaron las bases de este arte popular, qué le permitió a Walt Disney trascender sobre sus competidores, cuáles son los personajes más icónicos y por qué la industria de la animación no floreció en México como en otros países”, comenta.
El también investigador y catedrático detalla que “Disney fue el primer artista-empresario que tuvo éxito y supo trascender, debido a que apostó también por desarrollar tecnología; fue uno de los pilares de la animación, pero no el iniciador”, aclara.
Destaca que el primer personaje animado que tiene emociones y movimiento desarrollado fue Gertie the Dinosaur, en un cortometraje estadunidense de 1912 dirigido por Winsor McCay.
El Gato Félix, en 1919, fue la primera estrella famosa en el cine de animación, pues estrenó el modelo de negocio al fabricar relojes, peluches, ceniceros y cómics con su imagen”, dice el cofundador de Minerva Comics.
Quien fue codirector de los cortometrajes Batallón 52 y Escuadrón 2011, para los Juegos Panamericanos de Guadalajara, considera que la década de los años 40 de la pasada centuria fue muy fructífera para esta disciplina; ya que surgieron personajes como Popeye, Mickey Mouse y la serie animada de Superman, que “fue la primera de acción y aventura”.
Destaca que en México la primera animación fue Don Catarino y su apreciable familia, realizada por Salvador Pruneda en 1934, “pero la dejó a la mitad y no existe caricatura en físico”; y le siguió el personaje Paco Perico, en 1935, “del cual sí hay copias disponibles”.
Leal adelanta que en el segundo tomo de su libro ahondará más en la historia de los dibujos animados en México.
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