César Tort, en su centenario más libre e íntimo en su obra para adultos

La obra para adultos de César Tort refleja una faceta poco conocida, afirma el director Germán Tort sobre el concierto-homenaje a su padre, en su centenario

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César Tort

“Aquí se pueden ver sus sueños, sus gozos, sus dolores, sus gustos”, afirma el director de orquesta Germán Tort sobre el concierto-homenaje que dedica a su padre, el compositor y pianista César Tort (1925-2015), con el que arrancan las actividades para conmemorar el centenario de su natalicio.

Con el título de César Tort, se ofrece “una selección representativa de la música para adultos del poblano, de diferentes épocas y estilos. Tuvo varias influencias; pero se escucha su carácter, su personalidad”, detalla en entrevista con Excélsior.

“En este concierto pueden conocer a Tort, porque habla de la religión, de la tragedia de la Conquista, de sus gustos, los villancicos populares de la Colonia. Interpretaremos 15 obras, 12 de éstas son para voz y piano y tres para piano. La gente no conoce su repertorio para adultos.

“Cuando se piensa en él, se evocan sus piezas para niños y su método para aprender música (el Método Tort, creado en 1965). Pero su obra para adultos es poco conocida. Por eso queremos promoverla. Se aprecia un Tort más libre e íntimo”, comenta.

“Él estudió composición en Estados Unidos. Y empezó su carrera como creador desde joven, cuando estaba en España. Después se dio cuenta que no había nada para niños y se interesó en la música para este sector de la población”, aclara.

En el concierto-homenaje, que se realizará mañana, a las 18:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, participarán diez cantantes del Ensamble de Jóvenes Solistas de la Escuela Superior de Música del INBA: cuatro sopranos, dos mezzosopranos, dos tenores, un barítono y un bajo, y tres pianistas.

La obra más antigua, explica el egresado del Conservatorio Nacional de Música, es El amor es la vida, de la cantata El jardín de Lindaraja, pieza para piano y coro escrita en 1952, una década antes de que hiciera su famoso método.

“Y la más reciente, Mi hermano, el hombre, recreación anónima sobre el poema de Netzahualcóyotl, creada en 2014, un año antes de su muerte.

“Compuso música toda su vida, desde los 13 años y vivió 90. Estaba convencido de que para ser músico debía consagrarse a este arte, dedicarse sin distracción, la disciplina era vital para él. Era muy coherente con lo que quería. Dejó un legado fuerte: ser fiel a tus creencias e ideología”, añade.

Quien estudió también en el Conservatoire de Noisy-le-Sec en Francia destaca que, para preparar este homenaje, “pasé todas sus piezas para voz y piano, que estaban a mano, al formato digital. Las publicaremos. Pero antes hicimos este concierto para ver si la música estaba bien pasada a digital”.

Germán Tort adelanta que está preparando el catálogo formal de música para adultos de César Tort, con especialistas; y, por separado, realizará el de obras para niños. “Su repertorio para adultos ya casi está todo digitalizado: son 20 piezas para piano, 18 para voz y piano, y otras más para orquesta y coro. Falta digitalizar la música para niños”.

Indica que el programa está integrado por “piezas cortas de temas alegres, tristes, dramáticos, sueños, imaginación. Creo que gustará mucho”.

Narra que hay una obra inspirada en el poema Hazme llorar, de Ramón López Velarde; y otra en versos de Carlos Pellicer; además de bardos poblanos de su generación, como Federico Escobedo y Leopoldo Hernández. “Le gustaba la poesía. Era muy amigo de Carlos Pellicer y de José Revueltas. Iban a la casa”.

Las tres piezas para piano son La pequeña andaluza, fruto de su estancia de cinco años en España; Loto, de música contemporánea, “tiene muchos efectos, distintos estilos”; y El intermezzo, que es una obra muy impresionista.

“Creo que son buenas obras. Falta que se toquen y se canten más en el repertorio de la música clásica en México”, considera.

El catedrático concluye que a su padre “le gustó la música antigua, la popular, la contemporánea, la folclórica mexicana. Escribió hasta el final de su vida. Una semana antes de que muriera estuvimos corrigiendo su oratorio de La santa furia. Su mente estaba muy bien. El cuerpo ya no le dio. Tuvo cáncer. Pero nunca dejó de hacer música”.