Con el Mundial a poco más de dos meses de iniciar se reabrieron las puertas del Estadio Banorte con el partido entre la Selección Nacional y la de Portugal. El evento generó enormes expectativas, especialmente por la posibilidad de ver a Cristiano Ronaldo jugar por primera ocasión en México. Sumando esos ingredientes, la afición no se quería perder el partido, propiciando que la página de internet en donde se vendieron los boletos incluso colapsara.
A pesar de las dudas en torno al equipo dirigido por Javier Aguirre, una vez más la apasionada afición al Tricolor mostró su apoyo abarrotando las tribunas; miles de personas con ganas de ser parte de la fiesta que estaba preparada para la reapertura del estadio esperaban ver una mejoría del seleccionado nacional, que no ha encontrado un buen rendimiento, despertando temores acerca de un nuevo fracaso mundialista, similar al ocurrido en Qatar 2022.
Desafortunadamente, lo sucedido durante el encuentro del sábado no sirvió para despejar los cuestionamientos y las dudas acerca del equipo nacional. A pesar de haber tenido algunos buenos momentos en el primer tiempo, y que en la recta final del partido Armando González tuvo la oportunidad más clara del duelo, el funcionamiento sigue lejos del ideal, con un ataque muy chato, propiciado por la poca creatividad en el medio campo, agregando una defensa que suele dar oportunidades a los rivales. Lo sucedido en la cancha llevó a un número importante de asistentes a empezar a corear los oles cada que los visitantes tocaban la pelota, y también trajo como resultado el abucheo en la parte final del partido, así como cuando el árbitro dio el silbatazo final.
Las reacciones no se hicieron esperar, con muchos analistas deportivos e incluso líderes de opinión que no se especializan en deportes señalando que el público no estuvo a la altura de las circunstancias al “tratar mal” a los futbolistas. Reacciones que no comparto, porque mientras no agredan físicamente a los futbolistas se encuentran en su derecho de mostrar descontento. Si el partido de futbol no dejó satisfechos a los presentes era obvia la reacción, especialmente si tomamos en cuenta que el mal accionar del Tri no fue cosa de esa noche. Alguien podría decir que si los fanáticos ya saben cómo viene jugando la Selección, para qué siguen pagando dinero por verla, y es cierto, pero eso no significa que no puedan o no deban mostrar su descontento cada que sucede algo similar a lo del sábado.
Me parece ridículo satanizar los abucheos, envolviendo la crítica con un nacionalismo barato. Nadie está obligado a apoyar a la Selección ni está obligado a soportar actuaciones decepcionantes. La gente pagó un boleto muy caro y recibió poco a cambio, incluyendo el asistir a un estadio que está lejos de lo que se había prometido. Mientras el espectáculo en la cancha también esté lejos de lo que federativos y defensores del futbol nacional vendan, las reacciones adversas van a seguir y tendrán razón de ser.
