Natalia Majluf; La crisis, un lugar común

La directora del Museo de Arte de Lima charló con Excélsior acerca de su participación en el SITAC

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CIUDAD DE MÉXICO.

En el contexto latinoamericano, donde el sustantivo crisis se aplica en cualquier área, la cultura abandona su carácter público para entrar al concepto de lo común. Ese espacio donde se cruzan públicos específicos con ideas precisas para generar un diálogo. Un debate en torno al conocimiento. Este es el reto de los museos al entender que ya no son instituciones públicas sino sitios de acción cultural.

“Lo común plantea una proposición diferente, tiene que ver con construir espacios de encuentro que para mí plantea un reto de acción más interesante a lo que nos enfrentamos cuando hablamos de lo público”, definió Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima (MALI). Propuesta que guiará su participación en el Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo, “Nadie es inocente”, que se realiza en el Museo Amparo.

En entrevista, la historiadora de arte por el Boston College señaló que los museos no pueden permanecer bajo términos de una época pasada. Si el público tiene herramientas y canales nuevos para comunicarse, las pinacotecas no pueden pensarse como organismos ajenos a este entorno. En entonces que propone Majluf adentrarse incluso en una industria de la comunicación que haga de los museos espacios de encuentro.

“Estamos en un momento de grandes cambios en el que se ha ido transformando la forma de comunicar, de relacionarnos. La revolución digital crea oportunidades y nuevos problemas de interacción. Eso está en el debate”, refirió quien participará en la mesa de “Entendimiento” del beneficio común de la cultura.

Entonces pensar desde el concepto de lo común significa que el museo, y la cultura en general, se adentre a estrategias como las del mercado: campañas publicitarias, mercadeo, construir una marca, explotar redes sociales. Herramientas alternativas a los espacios de conocimiento, que en el mercado han mostrado crecer el número de consumidores.

“No podemos ser ajenos a los canales del mercado, y evitar usar esos canales de comunicación porque son alternativas que nos perfilan a una manera de trabajar diferentes con resultados diferentes. Hoy es imposible pensar que un museo pueda estar al margen de las redes, pensar que un museo esté alejado de Facebook, igual con las otras estrategias de mercado”, apuntó. Es crear espacios alternativos a través de las herramientas y mecanismos comunes en la sociedad de consumo.

Majluf lo ha intentado desde hace diez años en el MALI. Un museo cuyo origen data de la década de los 50, y en el que se refleja gran parte de la crisis económica y social de Perú. Un espacio cuyo crecimiento se estancó durante la segunda mitad del siglo XX. Pero en las últimas décadas, precisó la directora, se ha enfocado en crecer su colección a 17 mil obras y promover un consumo cultural.

“El número de seguidores en Facebook no se traduce necesariamente en número de visitantes, porque nos enfrentamos a problemas estructurales que tienen que ver con un sistema educativo bastante deficiente en el que la cultura tiene un lugar marginal; porque estamos trabajado con un público sin consumo de cultura”.

Si bien la fórmula para atraer públicos nadie la conoce a ciencia exacta, Majluf propone un cambio de perspectiva: no pensar en visitas masivas, sino espectadores específicos. Reducir el campo de trabajo. La masa, dijo, es tan general que poco se logra.

La historiadora conversará en la mesa con Anthony Huberman, director y curador en jefe de The Wattis Institute for Contemporary Art, en San Francisco; Mónica Nepote, poeta, ensayista y editora, y Carmen Serra, gestora cultural.