El misterio del Eros femenino; El amante de lady Chatterley de D. H. Lawrence

Sexto Piso lanza una nueva traducción ilustrada del clásico británico, basada en su versión no censurada y más original

thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería
thumb
Ver galería

CIUDAD DE MÉXICO.

La infidelidad es un tema vigente y de todos los tiempos. Eso hace que El amante de lady Chatterley de D.H. Lawrence sea una novela de nuestro tiempo, una especie de trama policial de sicología sexual, en la que la mujer asume un lenguaje frontal para hablar del erotismo femenino, dicen a Excélsior Carmen M. Cáceres y Andrés Barba, traductores de la nueva edición ilustrada que recupera el estilo original del autor, con un sabor a siglo XXI aderezado por las ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andriy Lesiv.

Publicada originalmente en 1928, esta novela padeció la prohibición y la censura a lo largo de casi tres décadas, al punto en que Lawrence escribió una versión más light. “Quizá lo que hacía escandaloso a este libro, en la época de Lawrence, no fue tanto la materia explícita del texto, sino el hecho de que por primera vez un escritor afrontara los entresijos de la sexualidad femenina”, afirma Barba desde Madrid.

Y aunque para entonces Inglaterra contaba con un río de literatura pornográfica, que se distribuía en un circuito privado, donde el público la adquiría de manera “natural” mediante ediciones clandestinas, aún había puntos ciegos de la trama.

“Porque la gente estaba acostumbrada a que se describieran episodios sexualmente explícitos pero no acostumbraba a que alguien manifestara o investigara la psique del erotismo femenino, que siempre se daba por descontado en las novelas pornográficas”, agrega.

Para Carmen M. Cáceres, el corazón de este volumen está en el tema de la infidelidad y no en el hecho de que la asumieran como una novela erótica. “No se trata de una novela erótica y no creo que el propio Lawrence la haya escrito con la intención de hacer una novela impúdica, sino más bien de lanzar una gran novela controversial”.

En cuanto al rumbo que ha tomado la nueva traducción, Cáceres dice que los clásicos vuelven con versiones renovadas que no implican una modificación dentro del texto: “No se trata de actualizar el lenguaje porque uno respeta el marco estilístico del autor, que por momentos es un tanto barroco, así que uno trata de respetar el estilo del autor”.

Sin embargo, afirma, las editoriales retraducen clásicos para traernos aquellos textos a un mundo imaginario que se construye con palabras de nuestra cotidianeidad. “En ese delgado equilibrio nosotros respetamos el estilo del siglo XIX, o de principios del XX, para traerlo a un lenguaje de principios del XXI donde suene totalmente natural”.

Andrés Barba anota que de esta novela existen dos versiones: “Digamos que existe una edición un poco más sucia y otra más light o menos sucia. En la primera Lawrence escribió, sin restricciones y con un lenguaje frontal, pero en la segunda expurgó algunas de las expresiones más frontales y sexuales”.

Para esta traducción se tomó la versión original. “Es un tanto barroca en algunas de sus expresiones, sobre todo donde Lawrence plasmó esa agresividad sexual o situaciones con un lenguaje frontal, que ha hecho célebre a este libro”, explica.

DIBUJO ERÓTICO

Publicado por editorial Sexto Piso, el volumen que ya circula en México, aparece  con ilustraciones de Romana Romanyshyn y Andiry Lesiv. En consideración de los traductores, los dibujos refuerzan la parte erótica de la novela, pero sin llegar al uso de ilustraciones erotizantes que podrían rayar en lo burdo.

“Lo más interesante de estas ilustraciones es que no buscan erotizar, sino plantear cómo podríamos imaginamos el erotismo, es decir, no intentan provocar un efecto, sino recrear el imaginario de una manera muy expresiva. Así que las ilustraciones complementan y acompañan la lectura de esta novela de infidelidades”, afirma Cáceres.

¿Por qué era necesaria una versión ilustrada?, se le inquiere a la traductora. “Por la misma razón que se exhiben cintas mudas de Buster Keaton con música electrónica. Es exactamente lo mismo. ¿Qué sentido tiene hacer este collage de dos tiempos distintos entre una literatura clásica e ilustración posmoderna? Ricardo Piglia ha dicho que la literatura es un efecto, un reor-

denamiento que se recrea en tu cabeza. Así que estas ilustraciones permiten un reordenamiento distinto. ¿Es necesario? No, pero sí es enriquecedor, es una relectura para leerse desde otro lugar”.

Por su parte, Andrés Barba señala que El amante de lady Chatterley es una novela que no ha perdido su modernidad, su vibración, ni su interés, ya que el propio autor perfiló un personaje clásico que en algunos momentos escapó a su control.

“Comprendamos que Lawrence tuvo la intención de provocar una verdadera revolución social con este libro, para que las mujeres tomaran conciencia de su sexualidad a la manera como lo hacía lady Chatterley. ¡Eso está en el corazón del libro!”

Pero también sucede que lady Chatterley escapó un poco al control de Lawrence, consiguiendo una autonomía que a los ojos del escritor británico  resultó poco agradable. Por ejemplo, cuando Lawrence desaprueba el impulso que lleva a su personaje femenino a exigir a sus amantes que, aún cuando hayan llegado al clímax, continúen hasta llevarla al orgasmo: “Al respecto, Lawrence desaprueba el hecho y escribe que eso no es nada halagador para el varón”.

¿Cómo definiría esta novela? “Como una trama policial de sicología sexual, una historia donde el misterio es la sexualidad de la mujer. En cierto modo así es como funciona, donde el gran misterio por revelar es cómo se articula, cómo funciona y qué activa y desactiva la sexualidad de las mujeres”.

Temas: