José Emilio Pacheco gran artista y una persona generosa: Juan Villoro

El escritor detalla el reconocimiento que El Colegio Nacional rendirá al autor de Las batallas en el desierto, a través del homenaje La memoria encendida, entre junio y julio

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CIUDAD DE MÉXICO, 29 de mayo.- José Emilio Pacheco (1939-2014) era ante todo un poeta, pero también le interesaban cosas como el origen de la pluma atómica o la torta compuesta. “Esos temas que, aparentemente son secundarios, pero van definiendo lo que somos”, afirma Juan Villoro.

El autor de Las batallas en el desierto, agrega en entrevista el escritor y periodista, poseía tres características definitorias: “dominio de todos los géneros, relación entre lo culto y lo popular y la recuperación de una cultura en peligro de extinción a través de la crítica de todo lo que destruye la vida en común”.

Poeta, novelista, cuentista, traductor, ensayista, crítico literario, guionista de cine y periodista cultural, a Pacheco “no hubo género que se le escapara”, dice Villoro, por lo que su legado es imprescindible y se debe analizar y difundir.

Por este motivo, El Colegio Nacional quiere celebrarlo “de una manera vital”, pensando en su nacimiento, ocurrido un 30 de junio de hace 76 años, y no tanto en su muerte, “el vacío que ha dejado desde hace año y medio”, a través del homenaje La memoria encendida, que se realizará los días 23, 25 y 30 de junio, y el 1 de julio, en esta sede de Donceles 104, en el Centro.

La obra del Premio Cervantes 2009, “uno de los pocos escritores que logró formar una red de amigos y lectores que lo querían, que incluso le llevaban tamales a sus presentaciones”, será vista desde miradas tan diversas como las del poeta Marco Antonio Campos, el arquitecto Teodoro González de León, el historiador Enrique Krauze, el pintor Vicente Rojo y el ensayista Gabriel Zaid, entre otros. Los dos últimos no estarán presentes, pero enviarán un texto escrito ex profeso.

Villoro, quien iba a ser recibido por Pacheco en su ceremonia de ingreso a El Colegio Nacional, pero la muerte del poeta les impidió estar juntos, destaca que el autor de Morirás lejos es “un grafómano que cultivó todos los géneros con calidad”.

Asegura que fue una especie de conciencia moral para los mexicanos. “Era alguien preocupado por preservar lo que vale la pena y, al mismo tiempo, por condenar lo que se está acabando. Fue un poeta que se ocupó de temas de la naturaleza, el ecocidio, el maltrato a los animales, los desastres de la vida urbana. Fue un testigo del mundo que se eclipsa. No sólo en clave negativa, sino aquello que debe ser preservado”.

Lo define como una enciclopedia del mundo contemporáneo. “Lo que hizo con el periodismo cultural es particularmente asombroso. No se ha recogido a la fecha el trabajo que hizo en su columna Inventario, ni siquiera podemos saber cuántos tomos serán. Pero seguro sería una enciclopedia de lo que hemos sido los mexicanos en el siglo XX. Y no ha habido un registro más detallado y de mejor calidad que el de él”.

Villoro destaca además la estatura humana del autor de Irás y no volverás. “No siempre un gran artista es al mismo tiempo una gran persona. Es más frecuente que un artista esté asentado en una personalidad convulsa, torturada, perturbada, egoísta, ególatra. Y estos defectos de carácter curiosamente potencian la creatividad.

“En el caso de José Emilio se da una rara asociación de un gran artista y una persona generosa, profundamente interesada en los demás, con sentido del humor, gran conversador, muy agradecido y extraordinariamente modesto”, señala.

Pacheco, indica, fue uno de los grandes cronistas de la destrucción de la Ciudad de México. “La literatura mexicana ha sido como un sistema de alarma de los desastres que podían ocurrir en esta urbe. Durante el siglo XX, este sistema de alarmas se convierte en un verdadero sismógrafo, en un electrocardiograma de los sobresaltos de esta urbe”.

Para Villoro, el autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo fue fundamentalmente un poeta, pero a él le gustaba cómo ejercía el periodismo cultural y, sobre todo, cómo incorporó la mirada de los niños a su obra.

“Es un escritor que tocó temas que no eran muy comunes en la literatura mexicana. Por ejemplo, la presencia de los niños en el mundo de los adultos, cómo introduce la mirada infantil como la de un testigo incómodo, alguien que no ve el mundo desde la misma altura de los adultos, ve la realidad de manera diferente. Esto me gustaría que me haya influido”, confiesa.

Para el cronista, es muy pronto determinar si tras la muerte de Pacheco, ocurrida en enero de 2014, ha aumentado el peso de su obra. “Lo que ha aumentado es el vacío que deja, porque murió relativamente joven. Uno de los temas recurrentes en su obra es la pérdida de la inocencia, ese descubrir que las cosas no pertenecen al mundo de fábula que habías imaginado en la infancia. Su muerte nos enfrenta a eso. Dábamos por sentado que lo tendríamos por mucho tiempo y ese rito de paso que significa saber que ya no está con nosotros equivale al de la pérdida de la inocencia”, considera.

Villoro desconoce si existe algún esfuerzo enfocado a editar las obras completas de Pacheco, pero piensa que es urgente reeditar la novela Morirás lejos.

“Es la que le dio carta de nacionalidad, su novela experimental, porque calcula distintas narrativas. La estaba reescribiendo y nunca se volvió a publicar, es importante rescatarla”.

Dice que está pendiente conocer diversos materiales de Pacheco, como las clases que el poeta dio durante 18 años, un semestre cada año, en la Universidad de Meryland, sus guiones de cine y la correspondencia que le envió a su viuda Cristina Pecheco el tiempo que estuvo en Estados Unidos.

“Espero no pecar de indiscreto. Pero Cristina me contó en una ocasión que el tiempo que se separaban era muy duro, pero que la compensación de todo eso es la maravillosa correspondencia que le envió. Espero que alguna vez la conozcamos”, concluye Villoro.

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