62 fotografías de Juan Rulfo por amor al ferrocarril

Un libro compila imágenes captadas en los años 50 por el autor de El llano en llamas, en las estaciones de Nonoalco, Tlatelolco, Peralvillo y Tacuba, entre las que destacan 30 inéditas

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CIUDAD DE MÉXICO, 26 de marzo.- Juan Rulfo (1917-1986) se enamoró del ferrocarril en los años 50 de la centuria pasada y así lo demuestra el libro En los ferrocarriles, que compila 62 fotografías captadas por el autor de Pedro Páramo y El llano en llamas, con al menos 30 gráficas inéditas que se reúnen por primera vez, entre otras poco conocidas.

En este álbum o catálogo fotográfico, se pueden apreciar los paisajes que reflejan un México de su tiempo, visto desde las estaciones de Nonoalco, Tlatelolco, Peralvillo, Tacuba y Tlatilco, detalló a Excélsior Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo.

Este romance hizo que el narrador incluyera al ferrocarril en la versión del cuento Paso del Norte, publicada en 1953, así como en la escena del descarrilamiento del tren en su cuento El llano en llamas, lo que podría ser poco significativo, pero sí demuestra su afecto por el

ferrocarril.

Algunas de estas fotografías fueron expuestas en la muestra Nonoalco y sus alrededores, en 2010, y durante el coloquio organizado dentro de la Cátedra Juan Rulfo en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, en 2013.

Sin embargo, a partir de la investigación realizada para este volumen, el también arquitecto e investigador descubrió el verdadero leit motiv que llevó al escritor mexicano a concebir estas imágenes que hoy forman parte de la memoria de la Ciudad de México.

“No teníamos una referencia exacta de por qué Rulfo había hecho estas fotografías. Y lo primero que me llamaba la atención era que había un montón de éstas sobre el tema ferrocarrilero, vinculadas a la película La escondida, de Roberto Gavaldón, que data de principios de 1956. Entonces me dije: quizá por ahí se sensibilizó”, detalló.

Luego, el director de la fundación encontró que la siguiente película en la que participó Rulfo fue un documental llamado Terminal del Valle de México. “Yo sabía que existían unas fotos de Rulfo sobre esta terminal de carga, lo comenté e introduje en mi texto y se lo dije a la investigadora Paulina Millán”.

Semanas después, Millán fue a la Filmoteca de la UNAM y preguntó por el documental. “Entonces, cuando lo vimos era evidente que Rulfo estaba incorporado a ese equipo. Y eso le deba una razón de ser a estas fotografías, porque hasta el momento no teníamos idea  alguna”, reconoció.

Incluso, hasta hace unas décadas se pensaba que el historiador y cronista José Luis Martínez se las había encargado. “Pero eso no era verdad, pues aunque publicó algunas en su revista Ferronales, todo fue a partir de un concurso al que mandó una foto y se la publicaron”, agregó.

Así que el hallazgo de ese documental le permitió a Jiménez y a Millán confirmar que Rulfo trabajó codo a codo con el camarógrafo de Gavaldón a lo largo de seis meses, lo cual comprobó que algunas de sus fotografías con las tomas del camarógrafo de Gavaldón tenían ángulos

semejantes.

“En todo caso, me pareció que quedaba más claro que existió una vinculación más cercana de Rulfo con Gavaldón, la cual tuvo un capítulo más, cuando el director de cine asumió la dirección de la cinta El gallo de oro, que contó con la adaptación cinematográfica hecha por Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y el propio Gavaldón”, comentó.

Esto hace mucho más clara la relación de Rulfo como escritor para el cine, pero sobre todo como fotógrafo para el cine, y el ejemplo más claro es ese documental de Roberto Gavaldón, pues sin dicho proyecto… estas fotos de Rulfo no existirían, añadió.

Un mundo en movimiento

Más allá de los motivos que llevaron a Rulfo a tomar estas instantáneas existe una búsqueda formal extrema, un valor estético muy claro en su trabajo, donde se puede destacar su inclinación por las tomas complejas, pues a simple vista se aprecia cómo su trabajo retrató un mundo en movimiento, pues aunque la imagen aparece tranquila o estática… capta un instante previo al movimiento, explicó Jiménez.

También hay quienes aseguran que muchos de sus rasgos como escritor se encuentran en su trabajo fotográfico. Por ejemplo, el hecho de que los personajes que aparecen nunca posan para la cámara. “Retrata personajes sorprendidos, a diferencia de los captados por Walter

Reuter”, destacó.

“Hay quien ha dicho que esta distancia también aparece muchas veces en su literatura, no sólo en los temas de su fotografía, sino en cierta manera de retirarse como autor y tener poca interacción con los personajes literarios o retratados. El suyo era un estilo mucho más indirecto y sí podríamos decir que hay una técnica narrativa que es conocida como el estilo indirecto libre”, aseguró.

Sin embargo, aclaró que más allá de intentar asociar la mirada del escritor a la del fotógrafo, habría que hurgar en el fotógrafo profesional en que se convirtió, pues él intentó profesionalizarse hasta donde las circunstancias lo permitían; aunque él tenía muy claro que en ese momento ningún fotógrafo podía vivir de su oficio.

Por último, Víctor Jiménez destacó que este libro también es una forma de mostrar la relación que Rulfo sostuvo con la Ciudad de México, a pesar de que algunos investigadores destaquen su mínima relación.

“Al parecer hemos olvidado que él escribió toda su literatura en la Ciudad de México, es decir, escribió sobre acontecimientos en Jalisco, o en una zona indefinida, quizá de la región donde él nació, pero con la perspectiva de un autor que pasó la mayor parte de su vida –al menos 40 años– en la Ciudad de México”.

Editado por RM, En los ferrocarriles contiene seis breves ensayos de Raquel Tibol, Paulina Millán, Alberto Vital, Manuel Perló Cohen y Alejandro Suárez Pareyón.

Un mundo de vías

En su texto Los ojos de Juan Rulfo en las vías del ferrocarril, la crítica de arte Raquel Tibol recuerda que fue en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) de 1998 cuando el historiador José Luis Martínez refrescó el tema de estas fotografías que hoy se publican.

“Cuando yo estaba en Ferrocarriles Nacionales, Juan quería hacer fotos del mundo ferrocarrilero que existía en los antiguos patios de Nonoalco… donde ahora es el conjunto Tlatelolco. Eso desapareció, pero había allí un mundo de vías, de carros abandonados y de familias ferrocarrileras que ahí vivían”, recordó.

Años después, explica la crítica, esa evocación llevó a Clara Aparicio de Rulfo y su hijo Juan Francisco a buscar el material. Fue hacia 1988 que abrieron algunas cajas guardadas en el cuarto de servicio del edificio, en una de las cuales encontraron 120 negativos dentro de un sobre.

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