“La IA es el plagio más grande de la humanidad”: Héctor Infanzón
A 50 años de su debut profesional, el pianista y compositor Héctor Infanzón reivindica la imaginación y la sensibilidad humana como motores de la creación musical y celebra su carrera con el concierto "¡Andando!" en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

“La inteligencia artificial es el plagio más grande de la humanidad. Es un robo. Porque la IA plagia todo lo que se ha hecho hasta ahora, toda la información (musical o literaria) que ha acumulado la humanidad, la resume, nos la regresa y le decimos inteligencia, pero sólo es un plagio”, dice a Excélsior el pianista y compositor Héctor Infanzón (Ciudad de México, 1959), quien celebrará medio siglo de carrera el domingo 30 de agosto, a las 18:00 horas, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris con el concierto ¡Andando!
Y agregó:
“La IA es un juguete nuevo que en el futuro será usado de manera madura por la humanidad, ahora es la novedad y se utiliza de manera indiscriminada, pero tengo fe en que cuando se madure el uso de estos recursos… servirán (como herramientas)”.
¿Usted crearía música usando la IA?, se le pregunta a Infanzón, distinguido con la Medalla Bellas Artes y nominado al Grammy Latino.
“Apostar a que mi trabajo esté recargado en la IA no es algo que tenga planeado. Conozco los programas, he estado asomándome a ello y no es algo que me interese. Prefiero agarrar el piano para componer e imaginar y no que la IA me diga lo que tengo que hacer, cómo hacerlo y que me resuelva el asunto, porque eso implica dejar de pensar, de sentir y no estoy dispuesto a eso.
“Yo elijo seguir imaginando, seguir sintiendo, viviendo y traduciendo todo eso en música… Pero la IA y las nuevas tecnologías está ahí, y aunque las uso, por supuesto, porque tengo mi estudio, mi computadora y los programas… sólo son herramientas y no me resuelven el tema creativo”.
¿Recuerda su debut en 1976?
“Sí, lo recuerdo muy bien. Se dice que la carrera profesional inicia cuando uno percibe profesionalmente un salario. Bueno, pues hace 50 años tuve la oportunidad de acompañar, por primera vez, a un cantante que era muy famoso en aquella época: Ricardo Ceratto. Era un argentino-español (de música pop) que aquí tuvo muchos hits”.

¿Le invadió el nerviosismo? “Al ser mi primer trabajo, estaba muy nervioso porque implicaba pisar el escenario por primera vez, ante un público, con un personaje que ya era famoso. Siempre la primera experiencia conlleva sus riesgos, pero pudimos salir adelante y fue maravillosa la experiencia.
Al mismo tiempo fue un poco frustrante, porque uno quiere hacer las cosas como lo concibe y uno tiene aún ciertas limitaciones como aprendiz. Fue difícil, pero estimulante para aprender y saber que dedicarse a esto implicaba estudiar arduamente si uno quería abrirse paso en esta carrera”.
¿Cómo ha observado la evolución de los escenarios de 1976 a nuestros días? “Ha habido un cambio muy vertiginoso, especialmente en los últimos 15 años. En los años 70, por ejemplo, todo era más bohemio y cercano al público, ya que no existían los conciertos multitudinarios como ahora. Entonces, la gente iba de pipa y guante a cenar y a presenciar el show, y los artistas hacían temporadas de tres meses en hoteles o en centros nocturnos. Era una bohemia muy bonita.
Después comenzó la idea del concierto multitudinario, que es lo que seguimos viviendo ahora, es decir, la industria cambió, porque los promotores vieron que un concierto puede ser más redituable que una temporada y eso cambió la visión y la forma de consumir la música, pero no la manera de hacerla”, expone.
¿Cómo describiría su proceso creativo? “Es un laboratorio en el que uno empieza a explorar en el instrumento. A veces comienza con un acorde que te da la posibilidad de imaginar y esa es la parte preciosa de este proceso, que de la nada surgen sonidos y lo que le sigue es imaginar historias, visualizar una imagen, una emoción y traducirlas. Es una cocina en donde hay un montón de ingredientes que están en juego”.
¿Qué relación mantiene con su instrumento? “Es muy profunda y a veces le damos una connotación humanoide, porque el piano es mi compañero de toda la vida y es con quien uno conversa musicalmente.
Y aunque no hay un ritual, es como cuando tienes una compañía de toda la vida con la que puedes jugar y conversar de manera seria. Me encanta ver mi instrumento, lo apapacho, me acerco y en los momentos emotivos hasta le doy un abrazo, por ejemplo, cuando sale una pieza que me gusta mucho”, concluye.
El concierto ¡Andando!, que celebrará medio siglo de creación de Héctor Infanzón, se llevará a cabo el domingo 30 de agosto, a las 18:00 horas, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, con el acompañamiento de la Citadino Orquesta.