Unos días después de la conmemoración del aniversario número 25 de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra EU, vuelve a producirse un intento similar en Oriente Medio cuando un copiloto de la aeronave emiratí FlyDubai, intenta realizar, sin éxito, el derribo del avión que cubría la ruta Dubai-Tel Aviv, con 180 pasajeros a bordo, casi todos ellos israelíes. Para el terrorista, el modelo era el mismo, suicidarse, pero acabar simultáneamente con la vida de odiados infieles en un afán de contribuir al proceso de purificación de la humanidad. Puede afirmarse que la casi totalidad de atentados suicidas registrados en las últimas siete décadas en distintas partes del mundo –EU, Francia, Londres, Madrid, Nigeria, Israel, Afganistán, Irak y Líbano, por citar algunos ejemplos– fueron fruto de esa misma ideología que inspiró al terrorista responsable del incidente de hace cuatro días.
¿Cómo explicar esa peculiar pulsión suicida-asesina? Autores como Ian Buruma y Avishai Margalit señalan que la ideología detrás de ella reside en la premisa de que es innegable la unicidad de Dios, y por tanto resulta imprescindible la unidad de la comunidad de los creyentes o Umma. para perfeccionar el mundo. Como consecuencia y desde una perspectiva radical, todo aquel que esté fuera de la Umma es un enemigo, pertenece a la esfera de lo profano a la que hay que destruir mediante la jihad o guerra santa. Esto en contraste con posturas del mundo islámico dominante durante periodos tempranos de sus imperios, cuando la tolerancia hacia judíos y cristianos estuvo vigente al considerárseles miembros de pueblos del Libro, es decir, de haber tenido en algún momento el privilegio de ser depositarios de la revelación divina, aunque sin lograr nunca tener la interpretación correcta y última de ella, hasta que el profeta Mahoma lo hizo.
Sayyid Qutb, filósofo islamista egipcio de mediados del siglo XX y padre del islam radical, repudia en sus escritos las leyes creadas por los hombres a las cuales considera espurias frente a la legitimidad de la ley islámica o sharía que debe reinar sobre la Tierra. Rechaza el concepto de la libertad de creencias y la posibilidad de que cada cual pueda decidir de forma autónoma, por ejemplo, su conducta familiar y social, y sobre todo, la manera en que se desarrollan las relaciones sexuales y no sexuales entre hombres y mujeres. Bajo la convicción de que la normatividad de esa sharía fue la que rigió en el siglo VII en los idealizados tiempos de Mahoma, se asume como misión sagrada el restaurar tal estado de cosas.
Bajo esa óptica, Occidente es apreciado como el gran villano al que hay que combatir sin piedad. Pero también quedan dentro de esa categorización los regímenes que gobiernan en naciones musulmanas, pero que han sucumbido al embrujo occidental y han limitado o abandonado el imperio de la sharía al haber sido seducidos por modelos de legislación importados, llenos de una moralidad opuesta a las normas fundamentales estipuladas presuntamente en las etapas tempranas del desarrollo y expansión del islam.
Los atentados suicidas del 11 de septiembre de 2001 contra EU, y los que siguieron en años posteriores en ciudades europeas, forman parte de esa lucha “revolucionaria” contra Occidente y su cultura, mientras que las salvajes campañas del ISIS o Estado Islámico en territorios de Irak, Siria y países musulmanes del norte de África a mediados de la década pasada constituyen ejemplos de la pretensión de los radicales islámicos de destruir estructuras sociales y de gobierno identificadas oficialmente como musulmanas, pero ajenas a la visión radical que sostiene como única vía y única verdad la que ellos imponen desde su peculiar versión de la sharía.
Con los judíos la situación es parecida, aunque con variantes. A lo largo de la historia, las minorías judías dispersas en tierras musulmanas vivieron en calidad de toleradas a cambio de sumisión, altos impuestos y derechos disminuidos. Pero ya en el siglo XX, tras el establecimiento del Estado de Israel en Oriente Medio, se agudizaron las posturas antijudías y antiisraelíes dentro de las filas del islam radical: los judíos fueron expulsados de tierras musulmanas tras siglos de residir ahí, y la ira islámica radical se volcó tanto hacia Israel como hacia judíos dondequiera que los hubiera. Lo que Hamás hizo el 7 de octubre de 2023 contra el Estado hebreo puede explicarse bajo esas premisas, al igual que el atentado terrorista suicida contra la Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994, perpetrado por la dupla Irán-Hezbolá. Es así que la simpatía que entre segmentos de la izquierda radical internacional despiertan esas entidades islamistas no puede verse más que como producto de una ingenuidad penosa, pero también aberrante.
