117 años después: historia y política siguen repitiendo curiosidades y contradicciones
El año que inicia no trajo sorpresas para la política regional; los acontecimientos se veían venir, una y otra vez

Por Miguel Salvador Rodríguez Azueta
El año que inicia no trajo sorpresas para la política regional; los acontecimientos se veían venir, una y otra vez.
Desafortunadamente, los políticos prefieren consultar a un astrólogo o a un youtuber que valorar los consejos de los verdaderos analistas internacionales e historiadores, o mínimo leer un artículo de Wikipedia sobre la historia de la Revolución mexicana.
Asegurar que las actuales acciones del gobierno de Estados Unidos (EU) se fundan en un capricho de su conspicuo presidente es tan serio como los que piden a los ciudadanos que, en caso de conflicto, expongamos nuestros pechos desnudos ante cualquier dron o arma sónica.
Vamos por partes, como le dijeron a la familia del ranchero alvaradeño allá por 1913.
Hace 117 años, en Ciudad Juárez y El Paso, Texas, se entrevistaron los presidentes William Howard Taft, de EU, y Porfirio Díaz, de México.
En la reunión se trató la inconveniente relación de amistad y simpatía de don Porfirio con el dictador de Nicaragua, José Santos Zelaya. A partir de ese momento, se sucedieron una serie de acontecimientos, si me lo permiten, curiosos.
El primero, el apoyo de EU al carismático pero soñador Francisco I. Madero y la decisión de Díaz de no alargar el conflicto, para evitar una guerra fratricida y una crisis económica.
El segundo, Madero no cumplió con las expectativas de sus patrocinadores y… apareció el sobrino del tío, el apocado Félix Díaz, quien no dio el ancho; y apareció otro prócer salvador de la patria en la figura de Victoriano Huerta.
Las instituciones porfiristas y el aparato económico se mantuvieron intactos y, curiosamente, parte de la famosa flota naval norteamericana apareció en Veracruz.
Periódicos de 1913, como La Opinión, informaron que entre los buques de guerra se encontraba el Nebraska, que realizó prácticas de tiro frente a Antón Lizardo.
A partir de febrero de ese año, las notas sobre las maniobras americanas frente a Veracruz fueron en aumento; desde expediciones por el río Jamapa, ante el asombro de los pobladores de Boca del Río; la queja de los pescadores por el zumbido de los cañonazos, que les pasaban rozando; y el caso de un campesino de la comunidad de la piedra en Alvarado que, por andar de curioso, se le ocurrió darle con su machete a una bala de cañón del Nebraska, que no explotó y estaba cerca de un médano de la playa. A este campesino, por puro reconocimiento póstumo, lo llamaré Alejandro Uscanga.
El caso del campesino alvaradeño que voló en pedazos, luego fue negado por el Ministerio del Exterior mexicano, ya que Huerta había tomado el poder. (Posiblemente hay una indemnización aún para su familia, pero esta nota es para una novela)
Otra curiosidad: el cambio de presidente en EU que, supuestamente, se horrorizó con las acciones de su embajador del mismo apellido (Wilson) y desconoció su creación, imponiendo un embargo de armas.
1913 fue curioso y tal vez cabalístico, pues, si atendemos a los sucesos políticos, conflictos entre Huerta y los revolucionarios que sangran al país, las maniobras de los buques estadunidenses continuaron.
¡Allí viene el lobo!”, decía Pedro el de los cuentos; y el lobo no venía. Hasta que, el 21 de abril de 1914, apareció ya bien entrenado y conocedor del terreno; y sólo unos cuantos salieron a ofrecer sus vidas por la patria chica.
Más de cien años después, seguimos teniendo amistades no convenientes, visitas inesperadas de buques y nos mantenemos en nuestro discurso contumaz, pero, eso sí, muy patriota de… “¡mexicanos, al grito de guerra!”.
EL EDITOR RECOMIENDA



