Primeras reflexiones de Qatar 2022
Es apresurado sacar conclusiones profundas sobre un Mundial del cual todavía están los sentimientos a flor de piel luego de una final que revindicó como si hiciera falta al futbol como el espectáculo más apasionante del mundo. A bote pronto es imposible no destacar ...
Es apresurado sacar conclusiones profundas sobre un Mundial del cual todavía están los sentimientos a flor de piel luego de una final que revindicó (como si hiciera falta) al futbol como el espectáculo más apasionante del mundo.
A bote pronto es imposible no destacar a Croacia; por segunda edición consecutiva se sube al podio una república que se reconoció autónoma hace poco más de 40 años y que cuenta con 4 millones de habitantes. Es maravilloso que generen tantos jugadores de elite con semejante espíritu competitivo. Se me ocurre que esa obsesión por no darse por vencidos sólo se explica en que muchos de estos chicos son los hijos o nietos de la guerra. Para hablar de Modric no alcanzaría con diez tomos; su andar por el futbol es una enciclopedia en todos los sentidos.
Lo de Marruecos fue emocionante. Los primeros semifinalistas africanos de la historia fueron la fiel representación de los valores de solidaridad sobre los que debe cimentarse un equipo.
Cuando muchos pensamos que sus fortalezas sólo se manifestaban en su compromiso con la disciplina defensiva, contra Francia demostraron que, cuando tocó buscar el partido, también tuvieron argumentos para hacerlo y por momentos se llevaron puestos a los de Deschamps.
Estimo que el estimulante que potenció su rendimiento fue el sentido de pertenencia. Muchos de ellos, nacidos en Europa, no tuvieron dudas en representar la tierra de sus padres, que si bien no los vio nacer, ocupa el lugar más sensible de su corazón.
Argentina fue un merecidísimo campeón. Luego del piñazo de Arabia, su rendimiento fue de menos a más, llegando a su tope en la primera parte de la final, donde arrolló a un equipazo como Francia, que se recuperó y estuvo a centímetros (los que mide el pie de Dibu Martínez) de repetir alcanzar la hazaña de ganar dos mundiales. Es normal que los de Scaloni hayan tardado en encontrar su funcionamiento, es imposible jugar al futbol con tanta presión. Es probable que desde la Italia del 34, que jugó bajo la amenazante presencia de Mussolini en las tribunas, ningún otro equipo haya tenido semejantes exigencias. Por distintas circunstancias, para Messi y compañía era la gloria o la muerte; una locura. De Leo no es momento de hablar para aquellos que pensamos que lo que sucediera en Qatar no cambiaría un ápice su grandeza. Como dice Juan Pablo Varsky: es la rutina de lo extraordinario.
Mbappé es un animal. El tiempo dirá si evoluciona o no en un sabio del juego como Messi, pero su potencial es infinito.
