Final a la vista
Por una vez que el VAR oportunamente levanta la mano, casi más y mete la pata
Con la liguilla volvieron la emociones, aunque es justo señalar que mucho más en el León-Tigres que en la serie que disputaron Atlas y Pumas que sólo se volvió atractiva en los últimos 20 minutos en el Jalisco. Los de Guanajuato y Jalisco son merecidos finalistas.
Tigres y León repartieron méritos futbolísticos. Mientras los de San Nicolás se llevaron puestos a los discípulos de Holan en el universitario, León fue superior en la vuelta. Los Panzas Verdes merecen disputar el título por lo hecho desde la jornada 1 y por el gran rendimiento en el juego de vuelta, donde Miguel Herrera se llevó todos los palos por quitar a André-Pierre Gignac y especular en el planteamiento.
Imaginando los editoriales si el planteo timorato en Guanajuato hubiese catapultado a Tigres a la final, tengo claro que hubiesen manifestado: “Herrera ahora sí es un entrenador maduro que entiende cómo cerrar los partidos. En otros tiempos, hubiese seguido atacando y seguramente hubiera perdido la ventaja”.
Como explica Bielsa, los mismos argumentos, según el resultado, son utilizados para halagar o defenestar a los entrenadores; desde los micrófonos nunca pierden.
Ojalá los comunicadores tomen nota y dejen de relacionar los planteamientos defensivos con la inteligencia y presentarlos como antídotos para asegurar un resultado cuando se busca mantener una ventaja. Nada mejor para defenderse que tener la pelota y mantenerla lejos de tu portería.
La superioridad del Atlas no la empaña el horror arbitral de Jorge Pérez Durán. A veces pareciera que el VAR estuviera imposibilitado para impartir justicia, el argumento inapelable que se utilizó para justificar su implementación. Sus mayores desaciertos no se han presentado por acción, sino por omisión, en otras palabras, cuando ha dejado de intervenir generando dudas en los protocolos de aplicación.
El pasado domingo en el Jalisco pasó lo contrario; desde la cabina de videoarbitraje le sugirieron a Perez Durán que revisara la jugada cuando, faltando pocos minutos, le rompieron, literalmente, el tabique a Dinenno en el área del Atlas. Penal clarísimo. El colegiado, inexplicablemente, luego de observarlo en la pantalla, no lo señaló.
El consuelo es saber que si el silbante hubiese honrado el reglamento, se hubiera llevado de encuentro al mérito deportivo. Pumas anotando el penal hubiese pasado a la final siendo futbolísticamente vapuleado por el Atlas durante toda la serie.
Por una vez que el VAR oportunamente levanta la mano, casi más y mete la pata...
