Cambio cultural

Desde este espacio, en varias oportunidades hablamos sobre el mérito que tuvo Alemania para reinventar su futbol. Tuvieron la humildad, después del fracaso en la Eurocopa 2000, donde no pasaron de la fase de grupos y siendo ya para ese momento tricampeones del mundo, de ...

Desde este espacio, en varias oportunidades hablamos sobre el mérito que tuvo Alemania para reinventar su futbol. Tuvieron la humildad, después del fracaso en la Eurocopa 2000, donde no pasaron de la fase de grupos y siendo ya para ese momento tricampeones del mundo, de mirar lo que se estaba haciendo en otros países en materia futbolística. Reflexionaron y entendieron que habían caído en un pozo del cuál no podrían salir si no realizaban un ejercicio de apertura mental. Los resultados son conocidos, y la actualidad de la selección germana es el ejemplo más tangible de ello.

Paradójicamente, Alemania y España, las dos selecciones europeas más exitosas de los últimos años, en materia de filosofía futbolística tomaron el camino inverso de los grandes de Sudamérica, que pretendieron europeizar su futbol, alejándose de su ADN histórico. Mientras Argentina y Brasil desde mediados de los 80 cayeron en una tremenda confusión “físico-táctica”, teutones y españoles se reinventaron a través de darle suma importancia a lo que históricamente fue patrimonio sudamericano, la pelota. Para ello, trabajaron sobre las cualidades técnicas que se necesitan para desarrollar un tipo de futbol basado en la tenencia del balón. Brasil está reencontrando el camino a través de Tite, que ilusiona con una versión de la verde amarela en la cual se comienzan a vislumbrar rasgos en su juego que recuerdan las épocas del maestro Tele Santana.

Alemania reconfiguró su sistema de competencia y renovó sus métodos de formación, dándole una importancia primordial al desarrollo técnico de los jugadores. España, como ejemplificó el siempre certero y sagaz César Luis Menotti, decidió que era mucho más divertido y, por cierto, más eficaz, dejar de ser toro para convertirse en torero.

La impronta del futbol español era “la furia” y estaba perfectamente ejemplificada en dos frases que se escuchaban hasta el hartazgo en sus estadios: “pa’alante” y “con cojones”. Paradójicamente, sus horas más gloriosas surgieron a partir de que su selección y sus mejores equipos demostraron que no hay forma más eficiente de ir “pa’alante” que encontrando los espacios que se generan sólo a través del toque de la pelota. Entendieron que, si un grupo de jugadores técnicamente bien dotados y convencidos de la importancia de la posesión del balón, lo mueven con criterio, fluidez y pensando en el arco del frente, no hay “cojones” que alcancen para neutralizarlos.

Fue materia de discusión, si España podía o no mantener esta filosofía cuando no contara con los Xavi Hernández y Alonso, o cuando llegara el día que un jugador como Iniesta comenzara a dejar de tener la influencia fundamental que ha tenido durante estos últimos años. La respuesta está a la vista. La transformación no se produjo sólo por la aparición de una fenomenal camada de jugadores, fue posible, fundamentalmente, por un cambio cultural en el futbol español. Los Asensio, Carbajal, Isco y Thiago Alcántara son la prueba inequívoca de ello.

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