Sorpresa mayúscula
Han abollado, y con una paliza, a los que se sienten los dueños del planeta.

Pablo Carrillo
La neurona
El casi centenario enfrentamiento bienal de golf entre Estados Unidos y Europa, denominado Copa Ryder, ha resultado en algo totalmente inesperado, pues la paliza con la que amanece el marcador este día de 11 y medio puntos para el viejo continente, por cuatro y medio puntos para nuestros vecinos del norte, es absolutamente una sorpresa enorme o, citando al querido Manolo Lapuente, “una sorpresototota”.
Todo estaba en orden para que el equipo de las barras y las estrellas se impusiera para recuperar la posesión de la Copa Ryder, que desde su creación es patrimonio del equipo triunfador dos años, hasta el nuevo enfrentamiento. Pues, en la edición pasada, disputada en Roma, Italia, en el campo Marco Simone Golf and Country Club, los europeos fueron superiores y se impusieron 16.5 a 11.5. Triunfaron con una amplia ventaja y, para la actual edición, los locales decidieron llevar la confrontación al famoso campo Bethpage Black Course, ubicado en Farmingdale, Nueva York, famoso por sus letreros que a la entrada anuncian que es una cancha muy difícil, sólo para golfistas de gran calidad. En otras palabras, llevaron a los rivales a su terreno. Las apuestas eran muy favorables para los locales, estaban muy confiados en triunfar y recuperar el famoso trofeo del enfrentamiento más famoso del golf en el mundo, uno muy especial, pues se juega por el prestigio, por el orgullo y, en esta ocasión, se lo han abollado, y con una paliza, a los que se sienten los dueños del planeta, ya ni hablar del golf, en el que son, por mucho, el país dominante.
El pasado viernes, y bajo un muy estricto dispositivo de seguridad, incluidos francotiradores con armas largas en las partes altas de las tribunas, hizo su aparición el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, obviamente seguro de un triunfo de sus paisanos, la llegada a bordo del famoso avión Air Force 1 lo hizo patente, pues, antes del aterrizaje, hizo un sobrevuelo a baja altura sobre el lugar del evento ante las delicias de los aficionados locales que se deshacían en vítores. Asimismo, cuando llegó al campo, el recibimiento fue de apoyo, con los famosos gritos de “U S A, U S A”; estaban convencidos los miles de aficionados que sería un festejo golfístico de los suyos y, para su asombro, el resultado no ha podido ser peor hasta el momento.
Hoy el golf europeo festejará a lo grande un triunfo histórico como visitantes, algo que no sucedía desde 2012, en otro gran fracaso del golf estadunidense, en el Medinah Country Club.
A destapar el champán.