El miedo no anda en burro, anda afiliando

Cecilia Soto

Cecilia Soto

Editorial

Misteriosamente, después de haber anunciado el 15 diciembre pasado que la campaña de afiliación de Morena había cumplido su meta de 10 millones, en enero anunció una nueva meta. En menos de un mes afilió un millón más. Después, entre el 9 y 13 de febrero, Morena afilió a poco menos de 95 mil personas. Un acercamiento a las afiliaciones revelaba que miles de ellas no provenían de las personas que por primera vez buscaban pertenecer a un partido o que abandonaban un partido tradicional para sumarse al aspirante a partido único. Tampoco provenían de la bolsa general de afiliaciones de las cuatro organizaciones que buscan registro como nuevas organizaciones políticas. No. Estas afiliaciones de Morena habían sido tomadas de las asambleas que habían sido realizadas por estas organizaciones y que, por ley, tienen que contar con, al menos, 300 personas afiliadas para poder contar como asamblea distrital válida.

Como le conté en mi artículo Con un pie en la puerta del club más cerrado (23/feb), el INE mantiene un criterio, por decir lo menos, estrambótico: aunque las asambleas distritales tienen un inicio y un cierre formal, certificados ambos por los representantes del INE, si semanas, meses y hasta un año después, algunas personas que asistieron a esas asambleas se afilian a otra organización y estas desafiliaciones afectan el quórum de 300 personas por asamblea, ésta se pierde para la organización que originalmente la celebró. Este criterio no tiene base legal alguna y Somos México lo está impugnando ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Es violatorio de los derechos de las personas que sí querían contribuir al registro de una organización y viola los derechos de los delegados electos que no pueden fungir como tales. Y es una mancha para el INE que no otorga certeza jurídica a los actos que el mismo instituto certifica.

Calculadas matemáticamente, las nuevas afiliaciones de Morena, levantadas en febrero, bajaban las Asambleas distritales exitosas de las cuatro organizaciones que han cumplido con los requisitos legales, a menos de 200, lo que impediría su registro. Quizá la experiencia reciente con el PT convenció al morenismo de no multiplicar a sus aliados, pues tres de esas organizaciones están en la órbita del dizque movimiento. 

Usted, como yo, se preguntará cómo le harán los discípulos de Andy López Beltrán para afiliar alrededor de entre 20 mil y 40 mil personas diarias. Pues lo mismo se preguntó la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos (DEPPP) del INE e invalidó las últimas afiliaciones mencionadas por no cumplir con lo exigido con los estándares que rigen para todos los partidos políticos, los que ya lo son y los que quieren serlo.

Morena ya se llevó un susto en 2021, cuando perdió 9 de las 16 alcaldías de la Ciudad de México y perdió la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados. Por los esfuerzos para impedir el registro de nuevas organizaciones y, sobre todo, al intentar cambiar las reglas del juego electoral mediante los fallidos Plan A y Plan B que buscaban aumentar permanentemente las ventajas para Morena, es claro que en Palacio Nacional están leyendo las mismas encuestas que los demás. Si en 2024 la coalición oficialista no alcanzó la mayoría constitucional en ambas cámaras y tuvo que recurrir a métodos gansteriles para robársela, menos la alcanzará en 2027. Hay un claro desgaste de Morena, desgaste que acompaña el estancamiento económico del país, los escándalos de corrupción imparables que afectan a los más cercanos al lopezobradorismo y la tragedia humana en materia de seguridad y desaparecidos.

Pero no son sólo los grandes temas que desgastan a este gobierno. A la gente le afecta más la mala calidad de la acción gubernamental en todos los niveles. López Obrador evisceró el servicio público al despedir u obligar al retiro anticipado a miles de funcionarios al bajarles el salario y prestaciones y hacer nombramientos que representaban una burla al profesionalismo. Recuérdese que 27 integrantes de la ayudantía de AMLO pasaron de cargarle el portafolio a tener altos puestos y responsabilidades, sin contar con experiencia previa. O Lenia Batres, cuya curva de aprendizaje aún no comienza. O Marx Arriaga en los contenidos de los libros de texto. O, ya bajo Claudia Sheinbaum, un gabinete que no es mayoritariamente suyo, una secretaria de Gobernación que no lo es, una Dirección Jurídica que comete pifias que no cometería un/a estudiante de primer año de derecho y la ineficiencia en todos, todos, los niveles de gobierno.

Morena tiene miedo. Ya comprobó en las elecciones de 2024 que cerca de cuatro millones de personas que votaron por la Presidenta no votaron por ninguno de los partidos de la coalición para el Congreso. Que los jóvenes se alejaron de las urnas. Ya si abuchearon a la Selección, ¿qué falta para que voten en contra del statu quo: Morena?

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