Sinsabores
La actual situación hace evidente que los días son complejos, preocupantes, por lo que acostumbro buscar noticias positivas, esperanzadoras, para compartir con la audiencia de Grupo Imagen a lo largo de la muy compleja cuarentena producto de la pandemia, sin embargo, ...

Pablo Carrillo
La neurona
La actual situación hace evidente que los días son complejos, preocupantes, por lo que acostumbro buscar noticias positivas, esperanzadoras, para compartir con la audiencia de Grupo Imagen a lo largo de la muy compleja cuarentena producto de la pandemia, sin embargo, en ocasiones se hace muy difícil encontrar buenas nuevas, por más que se busquen.
Muy temprano, la mañana de ayer, llegaban dos malas nuevas, la cancelación del partido de la NFL que se jugaría en el Estadio Azteca y, casi al mismo tiempo, el fallecimiento del coach Don Shula, una leyenda del futbol americano profesional, en particular de la NFL, donde ocupa un sitio de privilegio, no sólo por ser el más ganador de la historia como coach, sino, por su extraordinaria calidad humana, algo que no siempre va de la mano de los entrenadores ganadores.
Cuando niño, en el tiempo de aquellos inolvidables Delfines de Miami, yo jugaba futbol americano, por lo que, entre muchas tareas que los entrenadores nos dejaban, era ver los partidos, en la medida de lo posible, para estar al tanto de lo que sucedía, y justo en ese tiempo los novedosos Delfines de Miami, un equipo de reciente expansión en la liga profesional, no sólo tomaban alegres y atrevidos colores para su uniforme, sino que intentaban convertir a esa franquicia en una ganadora, por ello contrataron a Shula, que gozaba de un gran prestigio, en 1970 quién diría que permanecería veinticinco años al frente del equipo floridano.
Apenas habían transcurrido cinco años de la formación del nuevo equipo de Miami, cuando Shula llegó para ponerle su nombre y fotografía al logotipo del equipo, lo digo figurativamente, pues el gran forjador de ganadores supo darle una personalidad y un cariz al otrora equipo recién llegado a la liga, perdedor en sus orígenes, hasta llevarlo a ser una de las franquicias más ganadoras de la historia.
Los ciclos humanos tienen un principio y un final, sin embargo, la gran calidad humana de Shula quedará para el recuerdo, un ser humano muy querido por sus jugadores, un tipazo, a decir de todos sus pupilos, incluido el buen Alex Giffords, pateador mexicano que fue convocado, precisamente por los Delfines, a su campo de entrenamiento después de egresar, en 1982, de la Universidad de Iowa State, y aunque no logró quedarse en ese equipo, pudo apreciar la categoría y clase del finado gran coach Don Shula, de quien, señala, lo convocó a su despacho, con una gran calidad humana, para darle educadamente las gracias.
Pequeño gran detalle.
Descanse en paz…