La Catedral II
En mi anterior colaboración comentaba de mi viaje relámpago a la ciudad de Augusta, Georgia, la semana pasada, para tener el privilegio de asistir al Masters, el torneo más importante de golf en el mundo, con el perdón del denominado The Open, el torneo británico, que ...
En mi anterior colaboración comentaba de mi viaje relámpago a la ciudad de Augusta, Georgia, la semana pasada, para tener el privilegio de asistir al Masters, el torneo más importante de golf en el mundo, con el perdón del denominado The Open, el torneo británico, que es mucho más añejo y uno de los cuatro denominados majors junto al Masters, el US Open y el PGA Championship, es el equivalente en el tenis a los cuatro torneos de Gran Slam, Wimbledon, en Inglaterra; Roland Garros, en Francia, el Abierto de Australia y el Abierto de Estados Unidos, el US Open.
Regresando a los majors de golf, el único que se juega en el mismo e inigualable campo, es el Masters, pues los otros tres cambian de sede cada año, en particular resulta sorprendente observar en Gran Bretaña los campos escoceses junto al mar que dieron origen a este deporte, los denominados links, que son muy particulares y no menos bellos que los campazos que observamos en los demás torneos.
A lo largo de las dos rondas que seguí de cabo a rabo el viernes pasado en Augusta, observando a los dos jugadores nacionales, Abraham Ancer y Carlos Ortiz, tuve el gusto de dialogar y convivir durante la mañana con los padres del golfista tapatío, Carlos y Chela, quienes sintetizan con su valioso apoyo la labor de miles de madres y padres de familia en nuestro país, que sacrifican muchas actividades para llevar a sus descendientes a las competencias desde que son muy pequeños. Como siempre, un gusto verlos, asimismo, caminé al lado de los hermanos de Carlos, Álvaro, quien sigue de líder en el tour PGA Latinoamérica, en su ascenso hacia el Korn Ferry Tour, y de ahí al PGA Tour, en un futuro muy cercano, no tengo duda, así como del Chino, el único de los tres hermanos que no es pro del golf, son unos tipazos. En esa larga ronda de resurgimiento de Carlos, en la que, de manera importante, pudo darle la vuelta a un jueves para el olvido, y evolucionó como los grandes, para tirarle uno bajo par a la catedral del golf, el Augusta National. También conviví con Santiago Casado, director de selecciones de la Federación Mexicana de Golf, que colabora estrechamente en las estrategias y planeación de los torneos con Carlos, pues desde que era amateur les une una cercana relación, que ha resultado, al paso del tiempo, muy productiva. Santi es un profundo conocedor no sólo del golf, sino de la parte mental, que resulta fundamental en ese deporte, un placer escucharlo y aprenderle, máxime en ese lugar y en ese torneo. Como siempre, un gran gusto.
Carlos aprendió mucho de un muy mal día, estoy seguro de que seguirá creciendo y representando el golf mexicano con brillantez, como lo ha hecho hasta ahora.
A seguir triunfando…
