Desde Río 2016

Tras una larga noche de viaje, regresar a Río de Janeiro ha sido toda una experiencia. El llegar en pleno amanecer a la ciudad que fue mi casa durante cinco semanas, hace poco más de año y medio durante el Mundial Brasil 2014, sin duda que ha removido muchos recuerdos ...

Tras una larga noche de viaje, regresar a Río de Janeiro ha sido toda una experiencia.

El llegar en pleno amanecer a la ciudad que fue mi casa durante cinco semanas, hace poco más de año y medio durante el Mundial Brasil 2014, sin duda que ha removido muchos recuerdos maravillosos de la máxima competencia de futbol, iniciando por la impresionante cantidad de autos y motos en las calles desde que el sol aparece. No cabe duda que la cultura de la motocicleta permite a miles de cariocas movilizarse con celeridad, a pesar de las inmensas filas de autos que constantemente hacen de las vías rápidas unos enormes estacionamientos.

De ahí, tras el riguroso y refrescante baño y alojamiento, rápidamente a recorrer los casi 40 kilómetros que separan al corazón de Río de Janeiro de Barra de Tijuca, o más bien Jacarepaguá, lugar donde se encuentran las instalaciones del centro olímpico y que antes eran sede del autódromo Nelson Piquet, así como el centro de prensa y de transmisiones y la villa olímpica de los inminentes Juegos Olímpicos de Río 2016.

Si bien la distancia no es mayor, el gran problema es que las vialidades que se están construyendo, para agilizar el tortuoso tráfico de Río, parece que no serán concluidas al ciento por ciento, usted sabe, problemas de países del tercer mundo en plena crisis socio-política, y ya ni hablar de la económica.

Por las calles de Ipanema, así como de Barra de Tijuca, el sentimiento es de normalidad total, no percibí, al recorrerlas, en un muy largo día casi sin noche o más bien noche aérea, de que aquí no pasa nada, ni marchas ni huelgas ni alguna muestra de descontento, lo que sí está para preocuparse es el retraso en las obras de los recintos, como el velódromo y, sobre todo, las calles e infraestructura urbana, que no se ve cómo le harán para concluirlas en tiempo y forma, sobre todo porque los recursos son escasos y las necesidades muchas, y si a eso le agregamos la terrible corrupción que pasa por todos los temas en este país, aún peor.

Por lo pronto, y a falta de 98 días para la inauguración de los Juegos Olímpicos, todo parece indicar que todo caminará de la mejor forma posible, lástima que con muchos temas de último minuto, con escenas que son muy afines a nosotros, de terminar con pintura fresca, pero de una u otra manera, todo estará, aunque sea “de a por mientras”, para que se desarrollen los Olímpicos que, espero, no pasen a la historia como los de Atenas, que terminaron por detonar una muy severa crisis económica en Grecia.

Ojalá…

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