Una copa y dos sedientos

Más anécdotas que futbol. Más indisciplinas que juego limpio. Más de lo menos importante. Eso deja como saldo hasta hoy la fría Copa América chilena. Un último pasaje que esperemos sea memorable, y hay razones para pensar que así será con dos equipos que son ...

Más anécdotas que futbol. Más indisciplinas que juego limpio. Más de lo menos importante. Eso deja como saldo hasta hoy la fría Copa América chilena.

Un último pasaje que esperemos sea memorable, y hay razones para pensar que así será con dos equipos que son garantía de gol. Que atacan muy bien, pero se defienden mal, de verdad.

Y sí, a estas alturas mejor dos equipos que sepan cómo atacar más que defender, y aunque lo ideal es el equilibrio, cuando sobra el material ofensivo, hay más esperanzas de gol, que es, nada más y nada menos que el motivo de existir de este deporte.

Entre Lionel Messi (que, a pesar de no haber marcado gol en lo que va de Chile 2015, es el torneo donde más se ha hecho sentir como lo que es: el mejor jugador del mundo), Sergio Agüero, Ángel Di María, Carlos Tévez, Javier Pastore, Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Eduardo Vargas y Jorge Valdivia dejan constancia de la absoluta calidad ofensiva que veremos en los minutos finales del torneo.

Más allá de cualquier otra cosa, pensar en la necesidad que tienen ambos por un triunfo que incluya el trofeo resulta clave para esperar un juego entretenido.

Para los locales, sería el triunfo más importante de su historia, con la que, dicen, y estoy de acuerdo, es la mejor generación de futbolistas que han tenido, pero en un estadio que, por desgracia, tiene más historias malas que buenas, y que de alguna u otra forma, pesa en el ambiente.

Para la Argentina de Messi es la oportunidad de confirmar que esta generación, sobre todo, de delanteros puede empezar a ponerse a la altura de las expectativas.

Claro está que aún permanecería lejos de las grandísimas glorias que componen su historia, pero claro también que sería un buen paso después de la derrota en la final del Mundial de Brasil el año anterior.

Al banquete de celebración sólo asistirá un invitado. Una sola copa para dos equipos sedientos, muy sedientos de un triunfo de lustre mundial.

Y como cada que llega una final, mi deseo es el mismo: que sean más sus deseos de ganar que el temor de perder; y, tomando en cuenta lo que tiene cada uno, con eso debe sobrar para tener un cierre espectacular entre Argentina y Chile.

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