Naranja dulce
Curioso que hoy una gran mayoría justifique a Carlos Vela. Eso es muy nuestro. Y muchos de esos pidieron casi casi que se le retirara el pasaporte. Yo sigo creyendo lo mismo. Primero: que todo jugador tiene derecho de jugar o no para su país al tratarse de un asunto que ...
Curioso que hoy una gran mayoría justifique a Carlos Vela. Eso es muy nuestro. Y muchos de esos pidieron casi casi que se le retirara el pasaporte.
Yo sigo creyendo lo mismo. Primero: que todo jugador tiene derecho de jugar o no para su país al tratarse de un asunto que tiene que ver con la voluntad y el deseo, y estas dos cosas son muy personales. Y segundo: Sí resulta raro que un jugador no haya querido participar en unos Juegos Olímpicos y un Mundial, pero nadie sabe qué pasa por la cabeza de otros. Postura poco comprensible y sí criticable al tratarse de los dos eventos más importantes en la carrera de un futbolista. Recriminé en su momento que fuera claro en su decisión, no que revelara las causas de sus negativas (que hubiera sido lo más sano), ya que cada quien tiene derecho de hacer o no públicos sus motivos en asuntos como éste.
Pero sí que me provoca gracia que hoy todos adopten el papel de abogado al establecer que siempre lo defendieron.
Claramente no se trata de eso; en su momento cabían los cuestionamientos y las críticas, lo que sobraba era mezclar esto con sentimientos nacionalistas.
Total que su regreso superó cualquier expectativa. Fue una noche mágica por muchos motivos. Ganarle a Holanda en su casa genera alegría y son de los resultados que viajan por todo el planeta futbolero. Hacer dos goles de extraordinaria manufactura abona aún más. Y si a eso le agregamos que la victoria se acompañó de muy buenos momentos colectivos, mejor aún.
A Miguel Herrera le toca trabajar lo que quedó en evidencia: un equipo frágil por la vía aérea que perdió 90 por ciento de los duelos, y en la medida de lo posible, evitar los cambios tan bruscos en cuanto a posesión de pelota y capacidad para contener al rival, aunque, repito, no resulta tarea sencilla dominar a una potencia mundial y menos en su casa; y, por último, incrementar la capacidad para manejar el partido en los últimos minutos, porque sobre eso se han escrito los capítulos más tristes de nuestro futbol.
Gran sinodal, más de estos que dejan experiencia y crecimiento.
