Máxima exigencia
Con el adiós de Ricardo Ferretti se terminó la era más importante en la historia del Club Tigres. Antes de la última etapa del técnico brasileño, la Autónoma de Nuevo León había tenido triunfos destacados, incluyendo un par de títulos de liga con Carlos ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
Con el adiós de Ricardo Ferretti se terminó la era más importante en la historia del Club Tigres. Antes de la última etapa del técnico brasileño, la Autónoma de Nuevo León había tenido triunfos destacados, incluyendo un par de títulos de liga con Carlos Miloc como técnico; pero tras esos logros (el último de ellos en la temporada 1980-81), las cosas para la institución neoleonesa no habían sido del todo sencillas, incluyendo el doloroso descenso de 1996, que puso fin a una etapa de malas decisiones. Aun después del ascenso inmediato, fueron muchos los años en los que el club no fue un protagonista importante en la Liga MX, entre algunas temporadas destacadas, llegaron también varios fracasos; al igual que un sinfín de cambios, tanto de directivos y de entrenadores, situación que trajo mínima continuidad en los proyectos.
Pero las cosas cambiaron una vez que Cemex tomó la decisión de contratar a Ferretti en mayo de 2010. Con el Tuca de vuelta para su tercera etapa, la estabilidad tan esperada por fin llegó y pronto también llegaron los títulos y la consolidación como un protagonista de las liguillas en México.
Como ya he externado en muchas ocasiones en este espacio, siempre he pensado que los logros de la institución podían haber sido mayores durante el más reciente periodo en que el brasileño la dirigió; sin embargo, es innegable el impacto y éxito que el Tuca tuvo, así como la estabilidad que le dio a la institución regia, algo muy poco común en México, y casi imposible de volver a ver en esta época de torneos cortos y poca paciencia. En su lugar llegó Miguel Herrera, con una difícil encomienda, además de cargar no sólo con el peso de la historia reciente del club, llena de éxitos, también la de su propia historia, esa de haber dirigido al odiado rival citadino y la de haber sido recientemente el entrenador del América, otra institución poco querida por los fieles a Tigres. Eso propició que su contratación no fuera vista con buenos ojos por todos los aficionados al club.
Automáticamente la presión estaba presente desde el primer día. Entrenar hoy a la Autónoma de Nuevo León significa dirigir a uno de los equipos más importantes de la liga, un equipo que, a diferencia de antaño, tiene la presión de ganar campeonatos cada semestre, igual que los llamados “grandes” de México; por eso Miguel tiene que dar resultados inmediatos, ya que será comparado en todo momento a su antecesor. Hasta ahora, su inicio no ha sido bueno, con pocos puntos en el torneo local, y una goleada en la insípida Leagues Cup; resultando en críticas de la afición y de la dura prensa de Monterrey.
Es temprano para hacer un juicio y dar sentencia, y lo hecho en el pasado avala a Herrera como un técnico de primer nivel en México, pero por el momento no cuenta con la popularidad con la que sí llegó al América; en Tigres se tiene que ganar a la exigente fanaticada, que no tendrá paciencia si el equipo de sus amores pierde el protagonismo ganado en tiempo reciente.