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El lunes se convirtió en uno de los días más tristes en la historia de la NFL, temprano nos enterábamos del fallecimiento de Don Shula; uno de los más grandes iconos de la liga, y el entrenador con más triunfos de todos los tiempos. Aunque el hombre nos ha dejado, ...

Juan Carlos Veraza
El deporte por nota
El lunes se convirtió en uno de los días más tristes en la historia de la NFL, temprano nos enterábamos del fallecimiento de Don Shula; uno de los más grandes iconos de la liga, y el entrenador con más triunfos de todos los tiempos. Aunque el hombre nos ha dejado, la leyenda estará viva.
Sin haber llegado a ser un gran jugador, sí jugó siete temporadas, en las que aprendió mucho para su posterior éxito como entrenador.
En los 70 fue exitoso con Baltimore, pero no consiguió un título. Esos llegarían en la siguiente década y con otra franquicia, los Delfines de Miami, ganando un bicampeonato; y, claro, con la cereza en el pastel en 1972, con la única temporada perfecta en la historia de la NFL.
No volvería a ser campeón, pero cuando yo lo conocí, a principios de los 80, lo vi como un ganador, sus equipos siempre calificaban a los playoffs y dominaban su división. Ahí empecé a entender que Shula era especial, me tocó verlo guiar a los Delfines a un par de Super Tazones, juegos que perdió, pero durante esa década Miami siempre fue contendiente.
Algo a destacar, y que le permitió ser tan ganador, fue cómo supo adaptarse a las circunstancias y a los jugadores; a su obsesión por los detalles y su liderazgo nato, se sumó una capacidad de entender el talento en su roster. En sus primeros años en Miami, el éxito estuvo basado en correr muy bien y en una férrea defensiva. Es cierto que tuvo a Bob Griese de quarterback y a Paul Warfield de receptor, pero la clave era el trío de corredores encabezado por Larry Czonka, y la llamada Defensiva sin nombre, con Nick Buoniconti como su líder.
Más adelante, ya en los 80, ganó el campeonato de la AFC en 1982, nuevamente con una defensiva de alto nivel, pero con David Woodley, un quarterback promedio. Dos años después estuvo cerca de su tercer Súper Tazón, en aquella ocasión con la ofensiva más explosiva de la liga, encabezada por un sensacional mariscal de campo de segundo año llamado Dan Marino.
Un tipo que jugó a la defensiva, que inició su carrera como coach, precisamente de ese lado de la pelota, forjó un equipo ganador en Baltimore, con base en el brazo de Johnny Unitas, con una temible defensiva como complemento; después transformó a Miami en el mejor equipo terrestre de la NFL y, cuando tuvo en sus manos un talento único como Marino, dirigió el ataque aéreo más prolífico de su época. Sin olvidar que, en aquel año del 72, Griese se perdió casi toda la campaña y, sin él, se las arregló para mantener la máquina funcionando rumbo al histórico triunfo en el Súper Tazón.
Siempre innovando, siempre adaptándose al talento a su alrededor, siempre un paso adelante, siempre admirado.